Vallecas contra el sistema

abril 27, 2026

Hay empates que saben a victoria. Y luego está lo de ayer en Vallecas, que sabe a algo mucho más amargo: a impotencia, a rabia y a la sensación de que el fútbol, así, pierde todo el sentido.

El Rayo Vallecano empató 3-3 ante la Real Sociedad, sí. Pero el resultado es casi lo de menos. Porque lo que se vivió en el césped fue otra cosa. Fue un equipo dejándose el alma… y un arbitraje empeñado en convertirse en protagonista.

Vallecas no explotó por un gol. Explotó por hartazgo. Porque no fue una acción aislada. Fueron varias. Demasiadas. Un gol anulado que parecía legal. Una revisión eterna que terminó en un penalti más que discutible. Siete minutos para decidir algo que, si de verdad es claro, no necesita siete minutos. Y por si fuera poco, un posible penalti a Ilias en el 101’ que ni siquiera se revisa.

Ese es el problema. No es solo el error. Es el criterio. O mejor dicho, la falta de él.

El Rayo pasó de empatar a ver cómo le caía un 1-3 en cuestión de minutos por una decisión que nadie en Vallecas entendió. Nadie. Ni en la grada, ni en el banquillo, ni en el campo. Y cuando todo un estadio ve lo mismo… algo falla.

Aun así, este equipo tiene algo que no se compra: identidad.

Con todo en contra, el Rayo se levantó. Lejeune primero. Alemão después, en el 98’, para hacer justicia… o al menos intentarlo. Porque ni siquiera eso fue suficiente. Porque en la última jugada, cuando Ilias es arrollado por Remiro, el silencio arbitral volvió a aparecer.

Y ahí ya no hubo dudas. Solo indignación.

Lo de Isi, expulsado por protestar, lo de Cobeño en el túnel, lo de Camello soltando lo que muchos piensan —“esto se está convirtiendo en una mierda”—… no son anécdotas. Son la consecuencia.

Cuando los protagonistas dejan de ser los jugadores y pasan a ser los árbitros y el VAR, algo se ha roto. Y en Vallecas, ayer, se rompió todo.

Porque este equipo podrá fallar, podrá perder, podrá no llegar… pero lo que no puede es competir contra decisiones que cambian partidos.

El Rayo mereció ganar. Por juego, por actitud y por corazón. Pero en el fútbol de hoy, eso ya no siempre es suficiente.

Ayer no fue solo un empate. Fue otro capítulo más de una historia que empieza a cansar.