Un vacío existencial

julio 27, 2026

Se terminó el mundial y el próximo queda muy lejos. Deja como siempre una extraña normalidad, a la que no queda más que regresar poco a poco. La vida vuelve a ser eso que pasa hasta la próxima copa del mundo.

La sensación de un desarraigo forzado, de algo que se fue. Muy rápido o muy lento, pero que ya no está. Será difícil de reemplazar en lo inmediato; durante cuatro años habrá que recordar lo lindo que es estar allí, en el paréntesis de la vida: el Mundial. Fueron no solo los 39 días de competencia real, sino todo lo que eso trae consigo: eliminatorias, coberturas eternas en la previa y siempre el sueño de llegar a la última semana de competencia. Juntadas con picadas, familia y amigos reunidos. La suspensión de responsabilidades, al menos por un pequeño tiempo. Pocos eventos, por no decir el único, logran semejante adhesión.

Queda atrás el bullicio de las esquinas embanderadas, el grito atragantado que se desahoga en cada gol y la sintonía invisible que hermana a desconocidos en una misma fe colectiva. Ese ritual de mirarnos a los ojos sabiendo que, por un rato largo, los problemas habituales quedaban en pausa. El caminar por la calle y saber que al otro le pasa lo mismo que a vos. Son muchos los que quedaron en ese limbo, en ese desconocer del mundo exterior y sus formas. salir a la vida normal otra vez, mientras la realidad te sopla la cara otra vez.


El Mundial tiene ese no sé qué, una magia que se transmite en el aire. Ahora se siente en forma de vacío existencial que se deberá afrontar sin más. Una espera que volverá a ser larga como siempre y quién sabe en qué situación estará el mundo cuando la vuelta al sol sea en forma de pelota.