La Copa del Rey es sinónimo de ilusión. Año tras año el trofeo copero reúne un sueño común que abarca a equipos de la categoría más baja y más alta del fútbol español. Ese escenario, único en comparación de otras competiciones, desborda el entusiasmo. Pero desde hace años, para los más grandes, la Copa se ha convertido en un “marrón”.
Algunos pueden no entenderlo así, pero es una realidad. La particularidad del torneo copero hace que un mal día pueda acarrear un batacazo importante. Al disputarse a partido único y en campo del rival de menor división, Goliat sale de su contexto habitual para enfrentarse a David. Estadios pequeños, de hierba artificial, sin VAR hasta la ronda de octavos de final…
Lo que puede parecer un trámite desde fuera no lo es tanto desde dentro. Para los equipos más humildes es un premio el mero hecho de enfrentarse con rivales de la máxima división. Pero para los colosos se convierte en una obligación ganar. Una situación a la que se enfrenta el Atlético de Madrid a escasas 24 horas de su debut en el torneo del KO.

Prohibido confiarse
Es cierto que los de Simeone se han beneficiado este año gracias a la Supercopa de España y se han saltado dos rondas críticas del calendario copero. Algunos equipos de Primera como Espanyol, Oviedo y Girona lo acreditan. Pero este miércoles entran en acción ante el Atlético Baleares, equipo de 2º RFEF que quiere dar la sorpresa.
Con el argentino en el banquillo ya se han vivido noches dramáticas de Copa del Rey. Y, consciente de ello, todo apunta a que el once que salte al campo será de garantías para superar los dieciseisavos de final. Musso repetirá como el portero colchonero de la Copa. Y le acompañarán los jugadores con menos minutos en plantilla como Raspadori o Javi Galán, entre otros.


