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Pesadilla europea en el Coliseum

octubre 22, 2026

El regreso de las noches continentales al Coliseum seis años después apuntaba a fiesta grande y terminó convirtiéndose en un doloroso ejercicio de frustración. El Getafe CF de José Bordalás, que presumía de un fortín inexpugnable en este inicio de temporada, se estrelló de bruces contra la cruda realidad europea ante un FC Lugano quirúrgico, voraz y letal en cada transición. Del éxtasis del golazo tempranero de Iván Azón se pasó a un socavón que llegó hasta el 1-4, y aunque la casta de Borja Mayoral y el aliento de la grada encendieron la esperanza en el tramo final, a los azulones se les acabó el fuelle en un cruel 2-5 que los deja sin conocer el triunfo en esta fase liga.

Tres minutos de éxtasis y la bofetada helvética

El guion no pudo arrancar con mejor fortuna para la parroquia azulona. Apenas se habían sentado los rezagados en las butacas cuando, en el minuto 3, Iván Azón frotó la lámpara. El ariete armó la pierna con finura desde la frontal del área y soltó un disparo teledirigido que se coló con una clase descomunal en la red suiza. Era el 1-0 y la confirmación de que Europa volvía a latir en Getafe.

Sin embargo, el sueño duró un suspiro. Prácticamente desde el saque de centro, el bloque helvético desnudó a la zaga local: una internada fugaz culminó con un pase de la muerte para que Albian Ajeti, libre de marca en boca de gol, restableciera las tablas de inmediato. Un jarro de agua fría instantáneo que heló el ambiente festivo en apenas sesenta segundos.

Un intercambio letal sin red

El golpe no noqueó de inicio al Getafe, que buscó la réplica inmediata. A la salida de un córner, Alberto Risco enganchó una volea de primeras que obligó a David von Ballmoos a firmar una parada prodigiosa para evitar el segundo. Pero los suizos, desatados en ataque tal como advertía la previa, no perdonaron en su siguiente zarpazo.

En el minuto 7, Ajeti volvió a sembrar el pánico ganando la espalda por fuera y sirviendo un centro raso; los centrales azulones se lanzaron al suelo a la desesperada sin éxito y por allí irrumpió Yanis Cimignani para fusilar a placer y consumar la remontada (1-2). El Coliseum no daba crédito a la montaña rusa de un inicio esquizofrénico.

Castigo a la espalda y desconexión azulona

El equipo de Bordalás intentó rehacerse por orgullo y empuje. En el 12′, Andrés García se inventó un centro medido que Iván Azón cabeceó lamiendo el poste izquierdo. No obstante, los desajustes defensivos volvieron a cobrar un peaje carísimo. Rozando el minuto 26, otro pase filtrado a la espalda de Abdel Abqar permitió la cabalgada de Dereck Moncada; el atacante levantó la cabeza y sirvió el esférico hacia el corazón del área, donde de nuevo Ajeti remató a placer para firmar su doblete y el demoledor 1-3.

Pese a los arreones de Andrés García buscando conexiones y otro testarazo amenazante de Azón en el 35′ que volvió a rozar la madera, el Getafe se marchó a los vestuarios descompuesto, superado por el vértigo del líder suizo y obligado a apelar a una auténtica gesta de carácter en el segundo acto.

Golpe de timón al descanso, estocada y falta de puntería

En el vestuario, Bordalás no dudó un segundo y pateó el tablero de raíz: cuatro sustituciones de una tacada dando entrada a Johan Mojica, Nemanja Gudelj, Ramón Terrats y Martín Satriano por Davinchi, Abdel Abqar, Kiko Femenía y Alberto Risco. Toda una declaración de intenciones táctica para ganar empaque, mordiente arriba y veteranía.

Sin embargo, el segundo acto arrancó con otro mazazo que parecía definitivo. En el 50′, antes de que el nuevo dibujo se asentara, Mattia Zanotti robó en campo propio, galopó hasta pisar línea de fondo y colocó un pase raso hacia la llegada en solitario de Uran Bislimi, quien empujó el 1-4 a placer.

Lejos de bajar los brazos, el Getafe redobló esfuerzos. En el 54′, el recién ingresado Mojica sirvió un centro medido que Satriano cabeceó en plancha completamente solo en boca de gol, pero el balón se marchó fuera de manera incomprensible. Bordalás agotó sus variantes dando entrada a Enes Ünal por Azón en el 55′. Poco después, en el 61′, Djené colgó otro esférico para el remate franco de Satriano que atrapó el guardameta, y en el 69′ fue Francho Serrano quien mandó fuera un balón suelto en el punto de penalti con todo a favor tras varios rebotes. Al Getafe se le negaba el gol por milímetros.

Mayoral enciende la caldera del Coliseum

La insistencia por banda izquierda y el balón parado comenzaron a inclinar el campo. En el 71′, Mojica acarició el gol con un latigazo directo de falta que Von Ballmoos repelió con los puños ante un Lugano cargado de amonestaciones. La insistencia tuvo premio en el minuto 74: una nueva falta botada por el lateral colombiano generó un barullo aéreo, el arquero helvético voló para rechazar pero dejó la pelota suelta, y allí apareció el olfato de Borja Mayoral para empujarla a la red y colocar el 2-4.

El Coliseum se transformó en una caldera. Con la grada rugiendo y el banquillo empujando, el Getafe sitió el área suiza en unos quince minutos finales de puro asedio. En el 78′, tras un saque de banda y un rechace cazado por Gudelj, el disparo de Andrés García fue desviado por la zaga y lamió el poste. Apenas un minuto más tarde, Mayoral soltó un derechazo teledirigido a la mismísima escuadra que Von Ballmoos desvió con la atajada de la noche. En el córner consecutivo, el propio Gudelj acarició el tercero en boca de gol.

Asedio agónico y castigo final en el descuento

El arreón local no decayó: en el 87′, Ramón Terrats firmó una genialidad en el área sorteando rivales antes de sacar un disparo cruzado cayéndose que rozó el palo izquierdo. Ya sobre el minuto 90, un tiro mordido de Jean Ives Valou dejó a Enes Ünal solo frente a los dominios suizos en posición legal, pero su remate salió manso y centrado a las manos de un aliviado portero visitante.

Cuando el Getafe estaba completamente volcado buscando el milagro, la fatalidad selló la noche. En el 90+2′, una desconexión en la zaga azulona dejó al recién ingresado Kevin Behrens mano a mano contra David Soria; el delantero alemán no perdonó y colocó con frialdad el 2-5 definitivo para apagar de golpe cualquier atisbo de hazaña.

El pitido final certificó un castigo excesivo pero incontestable en el Coliseum. Los azulones pagaron con creces sus concesiones atrás y la falta de pegada en las áreas frente a un Lugano que castigó cada mínimo error al contragolpe. Toca levantarse y corregir lagunas defensivas de cara a las próximas jornadas europeas para no comprometer el billete a las eliminatorias.