En el campus de Madrid in Game, decenas de adolescentes atraviesan las puertas con mochilas cargadas de teclados mecánicos y cascos gaming.
Para muchos, este edificio público dedicado al talento digital es lo más parecido que existe en España a una Masía del videojuego: un espacio donde entrenar, competir y, con suerte, empezar un camino hacia el profesionalismo.
Actualmente, el ecosistema español de los eSports vive un momento de decadencia. A pesar de que cada vez más jóvenes aspiran a ser profesionales, se enfrentan a una realidad contundente: faltan oportunidades, estabilidad y estructura.
Madrid in Game
El Campus del Videojuego, ubicado en Casa de Campo, es un proyecto impulsado por el Ayuntamiento de Madrid. Actualmente, es uno de los pocos espacios donde los jóvenes pueden competir de forma presencial, con retransmisiones, torneos regulares y contacto directo con entrenadores y clubes.
El responsable de las ligas municipales, Cristian Vidal, explica que el objetivo principal del proyecto es llegar al ciudadano: “Que conozcan este proyecto y puedan aprovechar las competiciones, formaciones, charlas e instalaciones que ofrecemos”.
El circuito de Madrid in Game lleva tres años en funcionamiento. Pero aunque la participación ha aumentado, el camino es largo: “Cuesta arrancar, pero ya notamos recurrencia. Los chicos vuelven y apuestan por nosotros. Ahora toca mirar al futuro y atraer competiciones internacionales, como hemos hecho con League of Legends y Valorant”, señala.

Cabe destacar, que a pesar de que el 45 % de quienes juegan videojuegos son mujeres, la presencia de las mismas brilla por su ausencia: “No hay ninguna competición que prohíba la participación de mujeres. Pero sí faltan proyectos que las animen”, explica Vidal.
Con este tipo de eventos, el Ayuntamiento de Madrid tiene un único propósito: convertir la capital en una referencia europea. Pero incluso con financiación pública y fondos, la parte competitiva depende de algo que escasea: el tejido profesional que debería reclutar a estos jóvenes.
Falta de hueco
En League of Legends, uno de los videojuegos con escena competitiva más extensa, los jóvenes llegan a las ligas municipales con miles de horas jugadas, buen rendimiento y una expectativa clara: ser profesionales. La realidad, sin embargo, es otra.
Antonio Pérez, conocido en el juego como “Opeduy”, es un jugador de 23 años que, junto a su equipo Madriz Zity, ha ganado dos veces consecutivas el torneo organizado por Madrid in Game.

Dentro del juego, se le considera un Gran Maestro, el último peldaño antes de llegar a “Challenger“, el rango más alto del League of Legends. Hazaña de la que solo puede presumir un 0,1% de la población global que juega al videojuego.
A pesar de su talento y las horas que le dedica, no tiene esperanzas de jugar profesionalmente: “A día de hoy es difícil llegar. Hay muy pocos huecos para muchos jugadores. Yo compagino mis horas de trabajo con las de competición. Pero en estos casos no puedes dejar nada de lado porque competir no está pagado”.
Su compañero de equipo, Iván Fernández de 24 años, también es Gran Maestro. En su caso, llegó a competir en la segunda división española y a jugar torneos nacionales contra equipos como Heretics.

Sin embargo, su diagnóstico es todavía más crudo: “Hay que echarle miles y miles de horas. Y muchos nos hemos quedado por el camino. No merece la pena si no llegas. He visto gente suspender cursos enteros por intentarlo”.
Sobre el sistema español de formación, lo resume así: “Aquí todo es un meme. Equipos mal pagados, mala organización, piratería. En Corea meten a los chavales en academias desde pequeños. Aquí no hay dinero para eso. Llegan solo los que tienen una mentalidad muy fuerte y mucha suerte”.
Sueños por cumplir
A pesar de conocer esta realidad, el sueño de Martín Vidal, de 18 años, es competir profesionalmente. El joven, nacido en las Islas Canarias perdió la final contra Madriz Zity en un duelo muy disputado contra su equipo, la Tropa Goofy.
Aun así no se rinde: “El año pasado volveremos más preparados y nos lo llevaremos sin duda”.

A pesar de que siempre ha sido su propósito, su familia siempre lo vio con escepticismo: “Al principio eran muy cerrados. Me decían que estudiara y que me guardara las espaldas. Pero enseñarles resultados como llegar a una final en una ciudad que no es la mía con todo pagado les hizo entenderlo”.
Ahora le apoyan, pero él tiene claro que la probabilidad de vivir solo del videojuego es mínima. “Para que salgan más jugadores profesionales debería haber más opciones de formación y más torneos como este”.
Experiencia profesional
El diagnóstico se repite en boca de quienes sí han alcanzado la cima. España tiene jugadores de nivel mundial, pero casi nunca un sistema a su altura. Uno de los mejores ejemplos es Andoni Payo, referencia absoluta de EA Sports FC.
Payo fue campeón del mundo de clubes en la FIFA eClub World Cup con Movistar Riders y suma siete títulos nacionales así como varios clasificatorios a mundiales.
Empezó como muchos otros: jugando en la pandemia torneos online desde casa, acumulando rachas de victorias y con la intuición de que podía vivir de esto. “La gente no ve el sacrificio. Al principio yo sacrificaba muchísimo tiempo. Si quieres ser el mejor, tienes que ser obsesivo”.

Hoy combina la competición, la creación de contenido y una academia de formación que mantiene junto a Edu Castellano, entrenador con experiencia en ligas internacionales de EA Sports FC.
Cuando se le pregunta por el dinero, baja el suflé de golpe. Explica que, ahora mismo, el mejor jugador español puede rondar los 24.000 euros anuales en salario fijo, una cifra que durante el mejor momento del competitivo llegó a duplicarse en algunos casos.
Por debajo de esa élite, las cantidades caen en picado y obligan a casi todos a compaginar trabajo, estudios y torneos.
Payo insiste en que el problema no es solo de talento, sino de estructura. “Hubo una burbuja hace años. Ahora faltan oportunidades como este torneo de Madrid in Game. Faltan clubes, falta inversión y faltan sponsors. Si no tienes sponsors, no hay retorno”.

Otra cara visible del simulador de fútbol es Neat. El jugador profesional, más conocido como Ander Tobal, nació en 2004 y se ha convertido en uno de los jugadores españoles más prometedores y exitosos de EA Sports FC.
A los 16 años ya se clasificaba para citas nacionales importantes. A los 21 puede decir que ha sido dos veces campeón de eLaLiga, con un premio de 100.000 euros.

También se ha plantado en lo más alto de otras competiciones. Firmó top 8 en la eChampions League y en la FIFAe Club World Cup, consolidando su nombre en los grandes cuadros del circuito.
Su carrera es un ejemplo de movilidad constante. Ha pasado por organizaciones como QLASH y DUX Gaming, ha competido con el Real Valladolid y en la élite internacional con Man City Esports. Ahora, compite para el Atleti Esports.
Sin embargo, a pesar de ser una de las caras visibles de aquellos que lo consiguen, recuerda que, en España, para vivir solo de esto, tienes que estar entre los cuatro o cinco mejores. El resto, por mucho talento que tenga, acaba viviendo un híbrido de estudios, trabajos parciales y temporadas por debajo del salario mínimo.
Un panorama incierto
Cristian Vidal utiliza una comparación que cualquiera entiende: “Ser profesional en los eSports se parece a querer ser Messi o Cristiano. Puedes intentar llegar, pero está al alcance de muy pocos”.
Cuando se les pide un consejo a los profesionales para los que sueñan con vivir de esto, todos suelen coincidir. “Si un chaval quiere dedicarse de forma seria, tiene que saber que va a sacrificar muchas cosas. Que trabaje como el que más, pero que no olvide su parte personal ni sus estudios”.
En los eSports, como en el deporte tradicional, el talento es solo el principio; lo demás depende de una industria que, en España, todavía se construye a trompicones.


