La historia espera a España

julio 18, 2026

Hay noches que un país recuerda para siempre. La del 11 de julio de 2010 fue una de ellas. El derechazo de Andrés Iniesta en Johannesburgo convirtió un sueño en realidad, dibujó la primera estrella sobre el escudo de España y dejó una imagen imborrable en la memoria de millones de personas. Dieciséis años después, otra generación tiene la oportunidad de escribir su propia página en la historia.

El último baile de Messi y el relevo de Lamine

El MetLife Stadium de Nueva Jersey acoge este domingo (21.00 horas) una final llamada a perdurar durante décadas en el recuerdo. España y Argentina, campeón de Europa y campeón de América, se disputarán el título mundial en el partido que todos imaginaban cuando comenzó el torneo. Frente a frente estarán las dos selecciones que mejor han competido en Estados Unidos, México y Canadá y dos formas diferentes de entender el fútbol, con un mismo objetivo: conquistar la gloria. Pero esta final es mucho más que una Copa del Mundo. Es el último Mundial de Lionel Messi, el futbolista que ha marcado una era, y la gran oportunidad para que Lamine Yamal confirme que el relevo ya está en marcha. Es el adiós de una leyenda y el nacimiento definitivo de otra. Una imagen que resume el paso del tiempo y que inevitablemente devuelve a aquella fotografía en la que un joven Messi sostenía en brazos a un bebé llamado Lamine.

Una Roja construida para volver a tocar el cielo

La expectación ha convertido Nueva York en el centro del planeta fútbol. Conseguir una entrada para el encuentro se ha transformado en un privilegio reservado para unos pocos, con precios que han alcanzado cifras difíciles de asumir incluso para muchos aficionados llegados desde ambos lados del Atlántico. Más de 82.500 espectadores llenarán el MetLife para presenciar una final que reunirá a dos selecciones que han demostrado ser las más fuertes del campeonato. España aterriza en la gran cita con la confianza de quien ha ido creciendo partido tras partido. El empate sin goles frente a Cabo Verde quedó atrás hace tiempo. Desde entonces, el equipo de Luis de la Fuente ha construido su candidatura desde la solidez, el talento colectivo y una identidad innegociable. Solo ha encajado un gol en todo el torneo, ha mantenido su portería a cero en seis encuentros y llega reforzado tras firmar una de las actuaciones más convincentes del Mundial frente a Francia. Los números también respaldan a la Roja. Es el equipo que más ha disparado en el campeonato (120), el que más pases ha completado en el último tercio del campo (1.230) y el que presenta el mayor porcentaje de acierto en esa zona (83,5%). Un reflejo de un fútbol dominador que ha sabido combinar paciencia, verticalidad y eficacia para superar cada obstáculo.

Argentina, especialista en sobrevivir

Enfrente aparece una Argentina que ha hecho del sufrimiento una virtud. La selección de Lionel Scaloni necesitó dos prórrogas, ante Cabo Verde y Suiza, y remontó encuentros que parecían perdidos frente a Egipto e Inglaterra. Nunca estuvo por delante en los noventa minutos de las eliminatorias, pero encontró la forma de sobrevivir una y otra vez. Ocho de sus goles llegaron entre los minutos 76 y 90, una demostración de la capacidad competitiva de un equipo que nunca deja de creer.

La batalla que decidirá la final

Precisamente ahí reside una de las grandes incógnitas del partido. España buscará imponer un ritmo alto desde el primer minuto, monopolizar el balón y evitar que la final entre en ese territorio donde Argentina se mueve con una naturalidad asombrosa. Cuanto más largo e igualado sea el encuentro, mayor será el espacio para que aparezca la experiencia y el carácter competitivo de la Albiceleste. La batalla por el centro del campo promete marcar el destino del Mundial. Rodri vuelve a ser el gran director de orquesta de España. El centrocampista llega como el jugador con más pases completados del campeonato (655) y con un promedio de 94 pases acertados por cada 90 minutos, cifras que reflejan su influencia absoluta en el juego español. Frente a él estará Enzo Fernández, acompañado por Leandro Paredes y, previsiblemente, Rodrigo De Paul, en una medular diseñada para discutir el dominio de la posesión. Las bandas también decidirán buena parte del desenlace. Lamine Yamal, el futbolista que más desequilibrio ha generado junto a Messi en este Mundial, afronta uno de los desafíos más exigentes de su carrera frente a Nicolás Tagliafico y las constantes ayudas que prepara la defensa argentina. Dani Olmo volverá a ejercer como el jugador capaz de encontrar espacios donde parece imposible, mientras que Mikel Oyarzabal buscará mantener su idilio con las grandes finales.

Messi contra el muro español

Si España presume de equilibrio, Argentina tiene un nombre propio que explica gran parte de su recorrido. Lionel Messi afronta el último Mundial de su carrera con unos registros extraordinarios. Máximo goleador del torneo con ocho tantos, líder también en asistencias (4), contribuciones de gol (12), disparos (34), tiros a puerta (18), pases para remate (25), recuperaciones (44) y duelos ganados (51), el capitán argentino vuelve a desafiar al paso del tiempo a sus 39 años. Su gran obstáculo será Unai Simón. El guardameta español apenas ha recogido un balón de su portería en todo el campeonato y ha vuelto a demostrar por qué es una de las grandes garantías de la selección. Delante tendrá a una defensa formada por Cubarsí y Laporte, encargada de contener tanto a Messi como a Julián Álvarez en una de las pruebas más exigentes del torneo.

Respeto antes de la batalla

Desde el banquillo también habrá una historia especial. Luis de la Fuente y Lionel Scaloni compartirán protagonismo después de que el técnico español fuera profesor del seleccionador argentino durante el curso UEFA Pro en 2017. Desde entonces han mantenido una excelente relación, algo que ambos han dejado patente durante toda la semana con constantes muestras de respeto mutuo. También Messi quiso rebajar cualquier tensión en la previa. El capitán argentino defendió públicamente el respeto hacia España y hacia sus futbolistas, consciente de que la final enfrenta a dos selecciones unidas por la admiración mutua y por una rivalidad construida únicamente desde el fútbol.

Noventa minutos para entrar en la historia

Solo existe un precedente entre ambas selecciones en un Mundial, con victoria argentina en Inglaterra 1966. Pero esta final pertenece a otro tiempo. España persigue la segunda estrella de su historia dieciséis años después de tocar el cielo en Johannesburgo. Argentina quiere conquistar la cuarta y despedir a Messi desde el lugar que ha ocupado durante dos décadas: la cima del fútbol mundial. Porque hay partidos que entregan un trofeo. Y hay otros que marcan generaciones enteras. España ya sabe lo que significa cambiar la historia con un solo gol. Este domingo tiene la oportunidad de volver a hacerlo. Del otro lado espera el campeón del mundo, el equipo que nunca se rinde y el último baile del mejor futbolista de su tiempo.

Noventa minutos —o quizá algunos más— separan a uno de ellos de la eternidad.