El fútbol tiene estas cosas: puedes estar meses en la sombra, pero la jerarquía siempre guarda una bala para el momento de máxima necesidad. El Atlético de Madrid asaltó el Carlos Tartiere imponiéndose por la mínima al Real Oviedo, gracias a un gol agónico de Julián Alvarez en el minuto 90+3. Fue un triunfo con sabor a alivio para un equipo que, anestesiado por las rotaciones masivas de Simeone, estuvo a merced de un Oviedo valiente y solo se mantuvo en pie gracias a las manos milagrosas de Jan Oblak.
Oblak sostiene el castillo de naipes
Con la mirada puesta en la semifinal de Copa ante el Barça, el Cholo agitó el árbol con siete cambios y el debut del canterano Julio Díaz en el lateral. El experimento estuvo a punto de saltar por los aires en una primera mitad donde el Oviedo, colista pero orgulloso, perdonó la vida a los rojiblancos.
Jan Oblak tuvo que disfrazarse de santo en tres ocasiones críticas, especialmente en un mano a mano ante Fede Viñas y un manotazo salvador a cabezazo de Ilyas justo antes del descanso. El Atleti era un equipo plano, con un Lookman desaparecido y un centro del campo donde Rodrigo Mendoza intentaba poner criterio sin encontrar socios.
El tablero del Cholo y el gol anulado
Simeone no esperó y movió el banquillo de forma drástica. En el descanso entró Julián Alvarez por Lookman, y en el 60′ saltaron al campo Griezmann, Koke y Giuliano. El equipo cambió de cara, empezó a dominar la posesión y a encerrar a un Oviedo que empezaba a acusar el desgaste físico.
La tensión se palpaba en el ambiente. En el minuto 85, el Tartiere respiró aliviado cuando el VAR anuló un gol a Álex Baena por un fuera de juego milimétrico tras un pase magistral de Griezmann. Parecía que el Atlético volvería a dejarse puntos fuera de casa en Liga, una tónica peligrosa que le alejaba de la zona noble.
El regreso de Spiderman
Pero en el descuento, cuando el 0-0 parecía inamovible, llegó el estallido. Nahuel Molina puso un centro tenso desde la derecha, el balón rebotó en Baena y quedó muerto en el corazón del área. Allí apareció la astucia de Julián. La “Araña” amagó el disparo para dejar sentado a Sibo, se acomodó la pelota a la zurda y la ajustó al palo derecho de Escandell.
El gol desató la locura en el banquillo rojiblanco y el silencio en un Tartiere que no merecía tanto castigo. Julián rompía así una sequía de cuatro meses sin marcar en Liga, devolviendo al Atlético a la tercera plaza (empatado con el Villarreal) y cargando de moral al equipo antes del asalto definitivo a la Copa. El Atleti no jugó bien, pero tiene a Oblak para cerrar la puerta y a una Araña que, por fin, ha vuelto a tejer su red.

