Han pasado más de 24 horas desde la suspensión del partido entre el Rayo Vallecano y el Real Oviedo y el club sigue sin dar una sola explicación a su gente.
Ni una.
Cero.
Silencio absoluto.
Y cuando el Rayo calla, el responsable vuelve a ser el mismo de siempre: Raúl Martín Presa.
Presa no suele desaparecer. Al contrario. Siempre habla. Siempre encuentra la forma de justificar, maquillar o desviar la atención. Nunca para asumir responsabilidades, pero siempre para intentar controlar el relato.
Por eso este silencio es tan significativo.
Por eso este mutismo resulta tan escandaloso.
Un club sin respuestas y un presidente ausente
Desde Oviedo se ha intentado contactar con el Rayo sin éxito. Nadie responde. Nadie explica. Nadie da la cara. Una situación impropia de un club profesional y una falta de respeto absoluta hacia una afición que lleva días soportando vergüenza tras vergüenza.
Más de un día después, las únicas “comunicaciones” oficiales del club han sido:
- un retuit del comunicado de LaLiga
- y una nota sobre la devolución del dinero de las entradas
Nada más.
El comunicado que roza el esperpento
Mientras la afición exige explicaciones, el Rayo decide detallar con precisión quirúrgica cómo reclamar el importe de una entrada:
fotocopias del DNI, declaraciones responsables, certificados bancarios, envíos por correo electrónico…
Un ejercicio de burocracia absurda y casi insultante para una afición que no está pidiendo dinero, sino respeto, explicaciones y soluciones.
¿De verdad este es el mensaje que el club considera prioritario tras uno de los episodios más bochornosos de su historia reciente?
Vallecas ha hablado…
Mientras el club callaba, la afición estuvo.
A la hora de la previa.
Bajo la lluvia.
Con frío.
En la calle.
Vallecas no animó. Protestó.
No cantó goles. Cantó hartazgo.
El mal estado del césped fue solo la chispa. El incendio llevaba tiempo encendido. El nombre al que se señalaba era uno solo, repetido una y otra vez entre cánticos y pancartas. La paciencia del rayismo se ha agotado y ya no se disimula: se pide la inhabilitación del presidente y se habla abiertamente de punto de no retorno.
Incluso la afición del Oviedo, desplazada y perjudicada, se solidarizó con la causa y se unió a la marcha. Porque aquí el problema no es el Rayo como club, sino quien lo dirige.
¿Y los jugadores? ¿Y el cuerpo técnico?
Hay otra ausencia que llama la atención.
¿Dónde están ahora los jugadores y el cuerpo técnico?
Doce horas antes del partido levantaron la voz a través de la AFE, denunciando unas condiciones indignas. Un comunicado valiente, necesario y claro.
Después, silencio.
No se trata de exigirles más. Se trata de constatar una realidad incómoda: la afición salió a defenderlos, y hoy muchos echan en falta un gesto, una palabra o un agradecimiento. Quizá están hartos. Quizá están cansados. Quizá no pueden hablar. No lo sabemos.
Lo que sí sabemos es que el Rayo lleva más de 24 horas sin dar la cara.
El Rayo merece algo más
Esto ya no va de un partido suspendido.
Va de dignidad institucional.
El Rayo Vallecano no puede permitirse este silencio prolongado. No puede esconderse cuando todo va mal. No puede tratar a su afición como un problema secundario al que se le responde con trámites administrativos.
La gente del Rayo merece explicaciones.
Y, sobre todo, merece soluciones.
Callar también es una forma de desprecio.
Y Vallecas ya no está dispuesta a aceptarlo.


