Dos golpes en el añadido dejan a la Franja contra las cuerdas y disparan la urgencia por la permanencia.
El Estadio de Vallecas fue testigo de una de esas tardes que duelen más allá del marcador. Cuando el empate parecía firmado y el Rayo aún empujaba, Osasuna castigó con una crueldad máxima en el tiempo añadido para llevarse un triunfo que no había logrado en toda la temporada lejos de El Sadar. Un 1-3 que deja a la Franja muy tocada y refuerza la sensación de urgencia en su lucha por la permanencia.
El guion del partido fue incómodo desde el inicio para los de Íñigo Pérez. Un Osasuna, bien plantado, esperó su momento y lo encontró a balón parado. A la media hora, Budimir volvió a hacer daño en Vallecas, cazó un balón suelto tras un córner prolongado y, con suavidad, superó a Batalla para silenciar al estadio.
El descanso no cambió el panorama de inmediato, pero sí el tono. La entrada de Ilias (debut) tras el descanso aceleró a un Rayo espeso y dio paso a su mejor tramo del partido, con más intención que fútbol y encontró oxígeno también a balón parado. En el minuto 60, Pathé Ciss, recién llegado de la Copa África, firmó el empate con un cabezazo picado tras un centro medido de Isi.
Ese golpe rayista fue el mejor tramo del partido para los locales, aunque no terminó de traducirse en ocasiones claras. Osasuna resistió, se recompuso y volvió a amenazar al espacio. Cuando el reloj ya apretaba y el empate parecía el mal menor para ambos, llegó el golpe definitivo.
En el 90+1, Víctor Muñoz, el jugador más desequilibrante del conjunto rojillo, se sacó un disparo lejano que tocó en Vertrouwd y descolocó a Batalla. El VAR revisó la acción, el gol subió al marcador y el Rayo quedó noqueado. Con todo el equipo volcado, Osasuna sentenció en el 90+4 por medio de Osambela, tras una recuperación en campo propio que encontró a la defensa franjirroja totalmente vencida.
El pitido final dejó una imagen clara la frustración absoluta en Vallecas. Las estadísticas explican parte del desastre: solo seis disparos del Rayo por once de Osasuna, ninguna sensación real de control pese a la posesión y una fragilidad final que penalizó cualquier intento de reacción.
Osasuna rompe así su maldición como visitante y se marcha de Vallecas con tres puntos de oro. El Rayo, en cambio, vuelve a quedarse sin premio en un partido marcado como decisivo. El margen se reduce, el calendario aprieta y la sensación es que, esta vez, el golpe ha sido demasiado duro.
Al término del encuentro, Pep Chavarría no escondió la frustración del vestuario:
“Hemos empezado bien, sabemos que Osasuna juega directo y aprovecha el balón parado. Es una derrota dolorosa porque en la segunda parte hemos tenido opciones para adelantarnos. Estamos muy jodidos”
El lateral fue aún más crítico con el escenario del partido: “El campo es una vergüenza, no podemos jugar aquí. La segunda parte podría haber sido nuestra”.


