El Rayo Vallecano salió del Carlos Tartiere con un 0-0 que sabe a castigo… pero sobre todo a responsabilidad propia. El equipo de Iñigo Pérez volvió a mostrar esa versión temblorosa lejos de Vallecas, un Rayo que tarda en activarse, que concede demasiado en el inicio y que, cuando por fin domina, es incapaz de transformar su superioridad en puntos. Y eso que tuvo todo para hacerlo: balón, ocasiones clarísimas, un penalti a favor, un larguero de Unai López y media hora con superioridad numérica. Aun así, ni con esas.
Inicio indigno
El partido comenzó con un mensaje claro: el Real Oviedo salió a morder y el Rayo, a sobrevivir. El equipo franjirrojo estuvo incómodo, sin ritmo, superado por la energía asturiana. Todo lo que ocurría cerca del área de Batalla era peligro. Cazorla estrelló una falta en el larguero, Ilyas Chaira obligó a un paradón al meta rayista y Rondón incluso marcó en fuera de juego. Mientras tanto, el Rayo acumuló pérdidas y apenas inquietó más allá de un cabezazo de Álvaro García. El 0-0 al descanso fue casi un regalo.
Una expulsión que no cambio nada
La roja directa a Ilyas Chaira en el minuto 51 parecía el punto de inflexión perfecto. Con un jugador más y todo un mundo por delante, el Rayo por fin empezó a mandar con más posesión, ritmo y llegadas. Era el contexto ideal para demostrar carácter. Pero solo llegó una sucesión de más errores.
Álvaro tuvo ocasiones, De Frutos apareció, Unai López sacó un misil al larguero… y cuando llegó lo más claro, el Rayo lo desperdició.
Penalti fallado
El penalti señalado sobre De Frutos a la hora de partido era la oportunidad para romper un partido espeso. Isi tomó la responsabilidad… y Aarón adivinó el lado. Ni el rechace sirvió, y para colmo el VAR revisó una invasión que pudo haber permitido repetirlo, pero Quintero González vio falta previa de De Frutos y anuló cualquier esperanza. Era el día perfecto para que el Rayo se disparase en la tabla, pero el equipo volvió a toparse con sus propias limitaciones.
Ciss deja al equipo con diez
La frustración se notó, y en el 90’, cuando ya no quedaba nada, Ciss desconectó del partido con un golpe absurdo sobre Costas, roja directa y la superioridad numérica que se había ganado… a la basura. Un cierre impropio de un equipo que aspira a algo más que sobrevivir en Primera.
Un punto que no basta
Empate justo por lo ofrecido, pero decepcionante por lo que el Rayo dejó escapar. El equipo tuvo ocasiones, tuvo fases de buen fútbol y tuvo un penalti… pero nunca tuvo continuidad ni determinación.
Ahora, a centrarse en lo que se viene y conseguir los tres puntos en Bratislava. Que esto sea un aprendizaje más en el camino para demostrar de lo que es capaz el Rayo.


