El Indio Solari y el fútbol, un mismo idioma

junio 5, 2026

Hoy es un día en el que todos somos normales. Es que cuando una figura de la dimensión de Carlos Indio Solari se aleja de este plano se entiende lo pequeño que queda todo lo demás. El mundo suele parecer enorme cuando no miramos alrededor. Hoy la pelota también parece llorar su partida, es parte de su vida.

El Indio fue un artista completo. Mezcló el rock con la poesía, la pintura, la política, el intelectualismo; la masividad con la pequeñez. La genialidad de su mente no conoció límites. Transformó todo eso en una obra imponente y única, un umbral al que pocos han logrado acercarse sin proponérselo. Fue creador de un movimiento pocas veces visto, quizá incomparable por su naturaleza. Sobran las palabras desde que las imágenes y los registros de aquellos momentos hablan por sí solos.

El Indio deja canciones que han atravesado al fútbol argentino. No existe cancha en el país que no exhiba una frase de su obra en una bandera, en una canción entonada por las hinchadas o en una peregrinación al ritmo de su música. Algo tan argentino que solo queda observar cómo sucede, sin preguntarse por qué. También logró algo que la política jamás pudo: que personas de todas las ideas y procedencias compartieran y disfrutaran de un mismo momento. En el fútbol, como en la vida, el buen rock siempre tiene un lugar reservado.

Seguirán flameando las banderas con sus frases únicas y sonarán sus canciones en los estadios, como siempre, como nunca. El fútbol y las melodías del Indio son amores que se retroalimentan. Sus canciones atraviesan la vida; a veces parecen no tener nada que ver con ella y, sin embargo, terminan explicándola por completo. Cuando un artista de semejante magnitud se va de escena, parece que todos quedamos un poco más solos. Pero queda su obra, quedan sus canciones, queda todo aquello a lo que volveremos cada vez que la nostalgia nos visite. A veces la libertad y el dolor tienen la misma sensación.