Xabi Alonso en su 43 cumpleaños pasó por rueda de prensa acompañado de Álvaro Carreras en la previa del partido ante Olympiacos./ Vía: @partidazodecope

Atenas examina al Real Madrid en el 43º cumpleaños de Xabi Alonso

noviembre 25, 2025

El Real Madrid aterriza en Atenas en un momento delicado y con la urgencia de recomponer sensaciones en la Champions League.

El duelo ante el Olympiacos, mañana en el Giorgos Karaiskakis, pesa más de lo que aparenta: por clasificación, por dinámica y por ambiente. 

No ayuda tampoco el recuerdo histórico, porque el Madrid nunca ha ganado en suelo griego en competiciones europeas. Y en medio de todo, la víspera coincide con el 43º cumpleaños de Xabi Alonso, un detalle que quedó flotando en la sala de prensa, aunque nadie se atreviera a ponerle un significado.

Era difícil pasar por alto la coincidencia. Ni había ambiente de celebración ni margen para sentimentalismos. El técnico tolosarra atendió a los medios en rueda de prensa acompañado de Álvaro Carreras.

Carreras, la voz joven en medio del ruido

El club eligió a Álvaro Carreras para acompañar al entrenador, una elección que no pareció casual. Con Courtois y Huijsen descartados y con un vestuario que necesita aire limpio, Carreras representó la parte más fresca de un grupo que exige nuevas energías. Habló con calma, sin poses ni discursos prefabricados.

«Estoy muy contento con mi primera temporada y con mi primera Champions con el Real Madrid», dijo antes de subrayar la exigencia del encuentro: «Será complicado, pero venimos a ganar». El lateral reconoció que se siente más cómodo en su posición natural que en el eje de la defensa, pero dejó claro que está dispuesto «a lo que el míster decida». Elogió el ambiente del grupo y recordó una frase que nunca sobra en este contexto: «A ningún equipo le agrada jugar contra el Real Madrid».

Xabi Alonso: sinceridad, gestión y un mensaje hacia dentro

Cuando le tocó el turno a Xabi, el tono cambió. No hubo dramatismo, pero sí una entrada directa en el tema central: el equipo no está bien y él lo sabe.
«Necesitamos un buen partido. Necesitamos volver al sabor de la victoria», reconoció de inicio. Habló de concentración, de recuperar sensaciones, de que este encuentro «es importante para recomponer la marcha».

La gestión del vestuario —un asunto que lleva semanas planeando sobre Valdebebas— apareció pronto. «Tan importante como la idea futbolística es la gestión del grupo. Hay momentos buenos, momentos duros y otros en los que se necesita una reacción», afirmó. No rehuyó la autocrítica. «Tres malos resultados, y somos autocríticos. Pero aún queda mucho camino».

Y cuando le preguntaron por el ruido externo, dejó un mensaje firme: «Me preocupa lo que pasa en el campo. Con el club estoy comunicado cada día. Eso es lo importante». Hubo un momento especialmente revelador al hablar sobre su rol: «Es exigente. No soy el primer entrenador que convive con esto. Me acuerdo mucho de Pellegrini, Ancelotti y Mourinho. No estamos contentos, pero sabemos hacia dónde debemos ir». Una frase que sintetiza experiencia, conciencia y calma. Sin victimismo.

Atenas, un examen que no perdona

El Olympiacos de Mendilibar llega con una convicción que explica por qué El Pireo se ha convertido en uno de los escenarios más ásperos del continente. El técnico vasco ha construido un bloque intenso, ordenado y seguro de sí mismo, un equipo que compite con una identidad poco habitual en Grecia y que ha encontrado en su entrenador una figura de culto tras conquistar la Conference League. No es casualidad que solo haya ganado dos veces al Real Madrid en 25 enfrentamientos: sabe lo que exige medir a este club, pero también entiende que en el Karaiskakis cada detalle se multiplica para el visitante.

Para Xabi Alonso la historia tiene un matiz personal. Su primer duelo europeo en Champions como jugador fue precisamente ante el Olympiacos, con apenas 22 años. El de mañana será su cuarto cruce con ellos, esta vez desde un banquillo en el que cada decisión se interpreta bajo lupa.

Y es que el partido vale más que tres puntos. El Madrid llega con bajas relevantes —Courtois, Huijsen—, la vuelta de Tchouameni como único alivio y la necesidad urgente de reencontrarse. Los jóvenes deberán dar un paso adelante, pero el desafío no es solo táctico ni físico: es emocional. Este equipo necesita reconocerse, recuperar un pulso que se ha ido apagando y reencontrar una versión que ordene todo lo que hoy parece disperso.

En el Giorgos Karaiskakis no se juega un trámite, sino un mensaje. Mañana, el Real Madrid no solo se enfrentará al Olympiacos. Mañana tendrá que mirarse al espejo.