El Rayo Vallecano seguirá en el bombo de la Copa del Rey, pero lo hará sabiendo que en el Adolfo Suárez estuvo a un suspiro de quedarse fuera. El Real Ávila, tres categorías por debajo, rozó la gesta durante 118 minutos, se puso por delante con un gol de su capitán, tuvo ocasiones para sentenciar y solo se rindió cuando Álvaro García cabeceó el definitivo 1-2 en el tramo final de la prórroga.
Ávila presentó un ambiente formidable desde el primer minuto, impulsando a un equipo que no se dejó intimidar por la diferencia de categoría. Los locales salieron con personalidad, presionando alto y buscando transiciones rápidas que pusieron en apuros a la zaga rayista. Runy protagonizó las primeras amenazas con un disparo cruzado que se marchó por poco, mientras que Diego Lorenzo estrelló un cabezazo en el larguero ante la impotencia de la grada.
El Rayo, incómodo con balón y superado por la intensidad rival durante muchos tramos, apenas encontró continuidad en su juego en la primera mitad. Sus llegadas fueron esporádicas y sin demasiado peligro real, lo que permitió al Ávila mantener la iniciativa y marcharse al descanso con la sensación de que el premio estaba cada vez más cerca.
Nada más reanudarse el encuentro llegó el golpe que desató la locura en el estadio. Un saque de esquina mal defendido por los visitantes terminó en las botas de Carlos Pascual, que no perdonó dentro del área y adelantó a los encarnados. El capitán, con pasado en la cantera rayista, celebró el tanto con contención, consciente de lo que significaba.
El gol obligó al Rayo a reaccionar. Iñigo movió el banquillo y acumuló talento ofensivo buscando romper el muro local. El guion cambió, los de Vallecas comenzaron a monopolizar la posesión y a merodear con más frecuencia el área de Rodríguez, aunque el Ávila siguió generando peligro a la contra. Runy volvió a rozar el segundo en una carrera espectacular que no encontró rematador por centímetros.
Con el paso de los minutos, el desgaste físico empezó a notarse en los locales, cada vez más replegados en su propio campo. La grada empujaba, celebrando cada despeje como un gol, mientras el reloj avanzaba hacia una victoria que ya se palpaba en el ambiente. Pero cuando todo parecía decidido, apareció la calidad individual que tantas veces salva a los equipos de Primera.
En el tiempo añadido, un balón suelto dentro del área cayó a los pies de Isi, que encontró el hueco justo para batir a Rodríguez y forzar una prórroga que cayó como un jarro de agua fría sobre el conjunto abulense. El 1-1 era un castigo excesivo para el esfuerzo del Ávila, pero devolvía al Rayo a la vida.
En el tiempo extra, el cansancio marcó el ritmo del partido. El Rayo se instaló definitivamente en campo rival, mientras el Ávila se defendía con orden y orgullo, sosteniéndose. Todo apuntaba a que la eliminatoria se resolvería desde los once metros, hasta que, a dos minutos del final, llegó el desenlace definitivo.
Un centro preciso desde la derecha encontró a Álvaro García en el corazón del área. El extremo se elevó por encima de su marcador y conectó un cabezazo perfecto que se coló junto al palo, desatando la euforia visitante y el silencio resignado en las gradas del Adolfo Suárez.
El Rayo avanza de ronda tras una noche límite, de esas que ponen a prueba la fe y la paciencia. El Real Ávila se queda fuera, pero lo hace con la cabeza alta, tras firmar una de las actuaciones más notables de su historia reciente y demostrar, una vez más, que la Copa del Rey siempre es territorio para lo imprevisible.


