El FC Barcelona logró una clasificación brillante para los cuartos de final tras imponerse con autoridad al Newcastle en el Camp Nou por 7-2. El conjunto inglés plantó cara durante muchos minutos y obligó a los azulgrana a exigirse al máximo, pero terminó completamente superado por la avalancha ofensiva del equipo de Flick.
El partido comenzó con un ritmo altísimo, sin fase de tanteo y con ambos equipos buscando la portería rival desde el primer momento. El Barça encontró premio muy pronto: en el 6′, una jugada bien hilada en campo contrario acabó con Raphinha definiendo con precisión para abrir el marcador. Sin embargo, el Newcastle no tardó en demostrar que no había viajado para especular y respondió en el 15′, cuando Elanga aprovechó un desajuste defensivo para firmar el empate.
Lejos de venirse abajo, el Barça reaccionó con rapidez y volvió a ponerse por delante en el 18′, gracias a la llegada de Marc Bernal tras una acción a balón parado. El encuentro era un auténtico ida y vuelta, sin control claro, y eso beneficiaba a un Newcastle valiente que volvió a golpear en el 28′, otra vez por medio de Elanga, castigando una acción mal resuelta en salida de balón. Con el 2-2, el choque entró en una fase de máxima tensión, con los ingleses creciendo y el Barça tratando de recuperar el control a través de la posesión.
Durante ese tramo, el conjunto visitante llegó incluso a generar dudas en la defensa azulgrana, especialmente atacando los espacios y explotando los desajustes. El Barça, por su parte, encontraba peligro cada vez que conseguía conectar con sus hombres de arriba, aunque también dejó escapar ocasiones claras que pudieron cambiar el signo del partido antes del descanso. Cuando parecía que el empate se mantendría al término de la primera mitad, llegó una acción decisiva. En el añadido, un penalti sobre Raphinha permitió al Barça adelantarse de nuevo, y Lamine Yamal no falló desde los once metros para hacer el 3-2, un gol que resultó clave tanto por el momento como por el impacto psicológico en ambos equipos.
El paso por vestuarios marcó un antes y un después. El Barça salió con una marcha más, mucho más agresivo en la presión, preciso en la circulación y decidido a sentenciar la eliminatoria. Esa superioridad se tradujo rápidamente en el marcador: en el 52′, Fermín culminó una acción vertical para ampliar la ventaja. Ese gol fue el inicio de un vendaval. Apenas unos minutos después, Lewandowski apareció para hacer el 5-2 y, poco más tarde, volvió a ver portería para firmar el 6-2, en una fase del partido en la que el Barça desbordó completamente al Newcastle. La intensidad, la eficacia y la capacidad para castigar cada error rival convirtieron esos minutos en un auténtico golpe definitivo.
El Newcastle, que había competido con personalidad en la primera mitad, se vio superado sin capacidad de reacción ante el ritmo impuesto por los azulgrana. Cada recuperación del Barça se convertía en una transición peligrosa, y la sensación de control era total. Con el partido ya decidido, el Barça no levantó el pie del acelerador. Siguió buscando la portería rival y encontró el premio en el 72′, cuando Raphinha aprovechó un error en la salida de balón para marcar el 7-2 definitivo y cerrar una actuación sobresaliente.
La nota negativa de la noche llegó en forma de lesiones. Eric García se fue con molestias en el 21′ y Joan García, tuvo molestias en su gemelo derecho tras una parada a falta de diez minutos para el final.
Con este triunfo por 7-2, el Barça no solo avanza de ronda, sino que lanza un mensaje claro: cuando logra imponer su ritmo y conectar todas sus piezas en ataque, es un equipo capaz de superar a cualquier rival.


