El baloncesto le debía una alegría a Vitoria y la encontró en Valencia. En el Roig Arena, el Kosner Baskonia volvió a tocar la gloria 17 años después al imponerse al Real Madrid por 89-100, conquistando la séptima Copa del Rey de su historia en una final vibrante, llena de alternativas y resuelta con un último cuarto memorable.
El equipo dirigido por Paolo Galbiati completó una actuación coral, pero con nombres propios que ya forman parte de la memoria reciente del club. Timothé Luwawu-Cabarrot firmó 28 puntos, castigando cada intento blanco de escaparse. A su lado, Trent Forrest rozó un triple-doble (22 puntos, 11 asistencias y 9 rebotes) y fue elegido MVP del torneo. Y en la pintura, Eugene Omoruyi sostuvo al equipo con 23 puntos decisivos y una energía contagiosa.
Un inicio eléctrico y respuesta inmediata
El conjunto madridista salió lanzado, con triples de Mario Hezonja, Sergio Llull y Facundo Campazzo para colocar un 13-2 que parecía presagiar una noche cómoda. Pero Baskonia no se descompuso. Ajustó atrás, encontró ritmo en transición y equilibró el duelo antes del cierre del primer cuarto (26-26).
En el segundo acto llegó otro estirón blanco, impulsado por el acierto de Andrés Feliz y la presencia interior de Alex Len. El marcador se abrió hasta el 40-30, pero de nuevo apareció Luwawu-Cabarrot para sostener a los suyos. Al descanso, el 52-47 mantenía todo abierto.
Intercambio de golpes antes del desenlace
Tras el paso por vestuarios, la final bajó pulsaciones pero subió en tensión. El Madrid amagó con romper el partido en el tercer cuarto (72-64), aprovechando la profundidad de banquillo y el peso físico de Edy Tavares y Usman Garuba. Sin embargo, tres tiros libres finales devolvieron la esperanza azulgrana (72-67).
El último cuarto fue un ejercicio de fe y determinación vitoriana. Omoruyi castigó desde el perímetro, Forrest atacó sin miedo y el marcador entró en un empate a 79 que convirtió la final en un pulso de seis minutos. Con 85-85, cada posesión pesaba una tonelada. La quinta falta de Luwawu-Cabarrot pudo ser un golpe anímico, pero activó a Markus Howard, hasta entonces discreto, que asumió responsabilidades en el momento clave. Un 2+1 de Forrest y la sangre fría desde la línea de personal abrieron una brecha decisiva (86-92).
El cierre defensivo que selló la Copa
Cuando el Madrid intentó el último arreón, apareció Mamadi Diakité. El interior firmó dos tapones determinantes en el tramo final que apagaron cualquier esperanza blanca. A partir de ahí, Baskonia gestionó con autoridad hasta fijar el definitivo 89-100.
Más allá de los números, la victoria simboliza el renacimiento competitivo de un club histórico que, pese a las ausencias y a una rotación exigida, volvió a competir sin complejos ante el gigante blanco. La propuesta valiente de Galbiati, el liderazgo silencioso de Forrest y el instinto anotador de Luwawu-Cabarrot devolvieron a Vitoria a lo más alto. El sueño se hizo realidad en Valencia. Y esta vez, nadie se lo pudo arrebatar.


