Un día después del anuncio de Óscar Trejo despidiéndose del Rayo Vallecano, todavía no sé qué decir. Me ha costado empezar a escribir esto. Me metí ayer en Instagram (fue lo primero que me salió) y se me encogió el corazón. Trejo por siempre será mi capitán, el capitán del Santa Inés. Sabíamos que este momento, tarde o temprano, iba a llegar.
Si algo tenemos claro (si no, que me lo digan a mí) es que un rayista nace donde quiere, no siempre en Vallecas, pero Vallecas y el Rayo te absorben. Tiene algo que en ningún otro sitio he visto o he encontrado. Trejo, de Santiago del Estero (Argentina), es un vallecano más y así lo ha demostrado. No hay nadie, ni va a haber nadie, que haya luchado contra viento y marea por este club. No solo dentro del campo, sino más allá, donde la gente no ve, donde la gente no sabe… Ha defendido la franja como ninguno y nos ha llevado a lo más alto.
Tras diez temporadas y más de 300 partidos, Trejo se despide. Y mi sueño es que la vida se lo devuelva y verle el próximo 27 de mayo levantando la Conference League en el Red Bull Arena de Leipzig. Por él, por mí y por todos los rayistas. Más que nadie se lo merece. Merece irse por la puerta grande.
Sin duda es leyenda. Trejo es uno de los símbolos del Rayismo.
Este es su mensaje de despedida:
“Hoy escribo desde el corazón, con calma y con emoción. Porque despedirse del Rayo Vallecano no es cerrar una etapa cualquiera, es decir adiós a una parte muy importante de mi vida.
Llegué aquí con sueños, y me voy con una familia, con recuerdos imborrables y con una historia que jamás imaginé poder vivir. En este club crecí como futbolista, pero sobre todo crecí como persona, como esposo y como padre. Vallecas nos vio reír, sufrir, celebrar y levantarnos una y otra vez.
He tenido el privilegio de vivir momentos únicos: ganar un título, alcanzar unas semifinales de Copa del Rey que quedarán para siempre en nuestra memoria y conseguir tres ascensos que hablan del espíritu incansable de este club. Convertirme en el jugador extranjero con más partidos disputados con esta camiseta es un orgullo difícil de explicar.
Y como si el fútbol aún quisiera regalarme algo más, a los 37 años pude cumplir un sueño que parecía imposible: jugar en Europa, y hacerlo no con cualquier equipo, sino con el club de mi vida. Algo que jamás olvidaré y que voy a llevar conmigo para siempre.
Nada de esto habría sido posible sin mi familia. Gracias a mi compañera de vida, por caminar a mi lado en cada paso, por sostenerme en silencio y por creer en mí incluso cuando yo dudaba. Y gracias a mis cuatro hijos, mi mayor victoria. Ellos crecieron con estos colores, entendieron mis ausencias, celebraron mis alegrías y me dieron la fuerza necesaria para seguir adelante cada día. Todo lo que hice dentro de la cancha fue también por ustedes.
Gracias a mis compañeros, entrenadores, cuerpos técnicos y a todas las personas que hacen grande a este club desde dentro. Y gracias, de corazón, a los hinchas del Rayo Vallecano. Su apoyo, su identidad y la manera de sentir el fútbol hacen de este lugar algo irrepetible.
Me voy en paz, con el orgullo de haberlo dado todo y con la certeza de que este escudo seguirá siendo parte de mi vida y de la de mi familia.
No es un adiós.
Es un hasta siempre.
Porque el Rayo Vallecano no se deja atrás… se lleva en el alma”.
Y tienes razón, Trejo. El Rayo no se deja atrás, se lleva en el alma. Pero también te llevas la nuestra. No verte más con tu 8 a la espalda va a ser duro, pero eres eterno y este siempre será tu club.


