Simeone

Simeone traicionó su propia identidad

febrero 16, 2026

Un hombre que abandona sus valores e ideales es un hombre perdido. Diego Pablo Simeone, que carga a sus espaldas con más de 14 años en el banquillo del Atlético de Madrid, lo es. El desgaste es natural y la maquinaria de ideas se acaba agotando. Pero si su impacto fue abismal por su claridad de pensamientos, su caída hoy es pronunciada por la renuncia a los mismos.

A lo largo de la época dorada del club madrileño, Simeone ha dejado lemas que perdurarán en la historia. El partido a partido, el coraje y corazón, el si se cree y se trabaja se puede… Pero la persona que instauró esa identidad parece no ser la misma hoy. Al menos eso hacen indicar sus últimos movimientos. Los de una persona que ha traicionado lo que le llevó a la cima.

Cierto es que hace unos días se le encumbraba tras golear al FC Barcelona en la Copa del Rey. Justificado es por el baño táctico que le pegó a Hansi Flick. Pero ayer, ante el Rayo Vallecano, fue una decepción. Al menos así es para la persona que escribe esto. Y no por caer derrotado en Butarque. El resultado pasa a un segundo plano. El foco principal es más preocupante.

Diego Pablo Simeone

Una renuncia camuflada

El Atlético de Madrid cambió por completo desde que Simeone tomó las riendas del equipo. Por entonces, con el club caminando en desiertos de irrelevancia, el Cholo encontró la fórmula del éxito. Una propuesta basada en la competitividad en todos y cada uno de los partidos, sin importar la entidad del rival.

Esa valentía, arrojo y descaro le hicieron un sitio entre la élite. Pero desde su último título liguero las sensaciones son distintas. No es suya la totalidad de la culpa, faltaría más. Pero hoy se eligen los partidos en los que rendir y en los que pasar de puntillas. Queda a un lado la situación fuera de casa que se ha adoptado como absoluta normalidad.

El agravamiento de la situación está en que el propio Simeone ha terminado cediendo a esa corriente lejana al éxito. Por plantilla, por agotamiento o por lo que sea, pero él también ha renunciado a su mítico partido a partido. Lo dejó caer ante el Levante y ante el Rayo Vallecano lo confirmó. Con rotaciones masivas, con una Liga tirada en febrero y con unas declaraciones vomitivas.

Remando en distintas direcciones

Entre los once jugadores que saltaron a Butarque de inicio estaban Oblak y Giménez. Ambos capitanes del equipo y supervivientes de un Atlético del pasado. Quizás por eso dijeron alto y claro lo que puede pensar un aficionado colchonero en su casa. “Los partidos no se eligen, todos hay que jugarlos al máximo, hay que ganarlos y me da la sensación de que no lo estamos haciendo así”, decía el portero esloveno.

“No jugamos al 100%. Cuando piensas que por ponerte la camiseta del Atlético de Madrid vas a ganar es cuando te equivocas”, eran las palabras de Giménez. Ellos, pertenecientes a la vieja guardia y conocedores del cambio de rumbo de los últimos años, son la mejor muestra de lo que ocurre. Pero Simeone, que la lógica invita a situarle en ese mismo bando, hace tiempo que está en el contrario.

Lejos de mandar un mensaje parecido y de dar un toque de atención a su plantilla hizo lo contrario. Le quitó valor a las palabras de Oblak y rechazó su punto de vista. Es más, invitó a pensar que sonrojantes tardes como la de ayer se repetirán. Ha jugado su apuesta en la Copa y en la Champions. LaLiga le da igual, pero lo de ayer es pisar y faltar el respeto al escudo del Atlético de Madrid. Y el Simeone de hace 14 años no lo haría.