Simeone lleva al Atlético a la final de la Copa del Rey: “Somos el Atleti, estamos destinados a sufrir”

marzo 3, 2026

El Atlético de Madrid ya está en la final de la Copa del Rey. Lo hizo sufriendo, perdiendo 3-0 ante el FC Barcelona, pero haciendo valer el 4-0 de la ida en el Metropolitano. Y en la sala de prensa, Diego Pablo Simeone explicó la eliminatoria con la misma convicción con la que la vivió desde la banda: orgullo por el trabajo previo, autocrítica por el partido de vuelta y una frase que resume su ideario: “Somos el Atleti, estamos destinados a sufrir”.

El técnico argentino no quiso analizar la clasificación solo desde la angustia del Camp Nou. Se fue al origen. “Me iría al primer partido”, señaló. Aquel 4-0 fue, para él, el verdadero cimiento del pase. Recordó un primer tiempo “extraordinario”, de intensidad altísima, y reconoció que incluso se marchó “enojado” pese al resultado porque sentía que el equipo pudo hacer un gol más, especialmente jugando con superioridad numérica en el tramo final.

No era una exageración. “Sé de lo que son capaces los futbolistas que tiene el Barcelona”, explicó. Y la vuelta le dio la razón. Con Pedri y Raphinha de regreso, el Barça jugó “a otro ritmo” y sometió al Atlético durante muchos tramos, especialmente en un primer tiempo que Simeone calificó como “muy bueno de parte de ellos”.

El entrenador rojiblanco lamentó especialmente que los goles llegaran más por desatenciones en acciones a balón parado que por el juego posicional azulgrana. “Me duele que los goles hayan llegado más por desatención en la pelota parada que por su juego”, confesó. En una eliminatoria de este nivel, cada detalle pesa.

Destacó la entrada de José María Giménez como un punto de inflexión defensivo: “Le dio madurez al equipo, le dio seguridad”. El Atlético no pudo jugar el partido ofensivo que había imaginado —con más profundidad por la derecha, como en la acción que pudo culminar Lookman tras una subida de Llorente—, en parte por mérito del rival, que impuso una intensidad altísima y redujo espacios.

El 2-0 al descanso, tras el penalti transformado por Raphinha, encendió todas las alarmas. El estadio empujaba y el Barcelona olía sangre. ¿El mensaje en el vestuario? “Primero tranquilidad”, repitió Simeone. Admitió que el equipo no podía jugar porque el Barça “nos quitó tiempo”, del mismo modo que el Atlético lo había hecho en la ida en su estadio.

Con el 3-0 y más de diez minutos por delante, la eliminatoria quedó al borde del abismo. En la previa le preguntaron si firmaría ese resultado. Tras el partido fue claro: “No lo habría firmado”. Cree que pudieron hacer un mejor encuentro en fase ofensiva. Sin embargo, asumió con naturalidad el desenlace agónico tras el tercer gol azulgrana, cuando quedaban trece minutos más el añadido: “Somos el Atleti. Estamos destinados a sufrir, a llegar ahí, al límite siempre”.

Esa frase, más que una queja, sonó a declaración de identidad. El técnico no dramatiza el sufrimiento; lo integra en el ADN competitivo del equipo. “No sé qué nos dará, pero créame que el camino es fantástico”, añadió, reivindicando el proceso más allá del resultado puntual.

Trece años después, otra final

Trece años después, el Atlético vuelve a una final de Copa. Simeone recordó que el equipo venía de dos semifinales en las que no pudo dar el paso definitivo porque “los rivales fueron mejor”. Esta vez, la balanza se inclinó gracias al partido en el que fueron superiores: la ida.

Pero el técnico no se conforma. “No es solamente llegar a la final, es un camino para lo que queremos”, afirmó. Para él, competir en marzo por todo —aunque en Liga estén más lejos— confirma que el proyecto sigue vivo en los escenarios importantes.

El abrazo a Griezmann

La imagen final fue su abrazo y beso a Antoine Griezmann en el césped. Preguntado por si cree que el francés estará en la final del 18 de abril, no dudó: “Ojalá que sí, se la merece más que nadie”. Destacó su esfuerzo “increíble”, su talento intacto y cerró con una declaración sincera: “Lo quiero mucho”.

El Atlético perdió el partido, pero ganó la eliminatoria. Y en la voz de su entrenador quedó claro que, para este equipo, el sufrimiento no es una anomalía: es parte del trayecto. Uno que ahora conduce directamente a una final.