El Real Madrid sella su billete a octavos con un zarpazo de Vinícius tras el susto de Rafa Silva.
El Santiago Bernabéu vivió una de esas noches europeas donde el aroma a tragedia griega se disipó rapidamente pero tuvo a la aficion en vilo durante varios minutos. El conjunto de Arbeloa, que por momentos pareció un gigante aturdido por el descaro del Benfica, logró domar a las águilas portuguesas en un duelo que fue puro teatro de resistencia y oficio. Con el 2-1 final, el Madrid no solo elimina a un rival correoso, sino que reafirma su pase a octavos de final de la Champion League.

El rugido luso silencia Chamartín
La previa ya avisaba de que no sería una noche plácida; la marea roja del Benfica se hizo sentir con más fuerza que la propia hinchada local, convirtiendo el Bernabéu en una sucursal del Estádio da Luz. Sin Mourinho en el banquillo por sanción, los portugueses salieron con una agresividad táctica encomiable, el Benfica mordió desde el primer minuto del encuentro.
La tormenta perfecta para los portugueses llegó en el minuto 13. Una triangulación quirúrgica permitió a Pavlidis servir un centro que, tras un infortunio de Asencio, dejó el balón muerto para que Rafa Silva empujara el cuero al fondo de las mallas. El Madrid estaba contra las cuerdas, desbordado por una presión asfixiante que no le permitía ni respirar.
Tchouameni y la medicina del orden
Pero la alegría lusa fue un espejismo breve. El Madrid, herido en su orgullo, sacó el bisturí. En el minuto 17, Valverde cabalgó por la banda y puso un pase raso al corazón del área para que Tchouameni fusilara e hiciese el empate. Fue un gol terapéutico que anestesió el ímpetu del Benfica y devolvió el control a los de Arbeloa.
A partir de ahí, el partido se convirtió en un ajedrez de alta tensión. Carreras, imperial en el lateral izquierdo, recordó por momentos la mejor versión de Marcelo, rompiendo líneas y dando una salida de balón pulcra que el Madrid necesitaba como el aire. Sin embargo, el susto volvió antes del descanso: Thibaut Courtois sacó una mano de leyenda para evitar el 1-2, reabriendo el debate eterno sobre si el belga ya ha superado el mito de Iker Casillas bajo los palos de Chamartín.
Épica, lesiones y el baile final
La segunda mitad trajo la luz de Trent Alexander-Arnold, quien tras su lesión demostró que ve el fútbol a una velocidad distinta, aunque Valverde perdonó de forma inverosímil un centro medido del inglés. El drama llegó en el minuto 71, cuando Asencio tuvo que abandonar el campo en camilla tras un choque brutal, dejando un vacío emocional que Alaba entró a cubrir bajo una ovación cerrada.
Con el partido roto, emergió la figura de Vinícius Jr. En el 79, el carioca encendió la moto, encaró a la defensa y batió al guardameta para poner el 2-1 definitivo. Lo celebró con su ya icónico baile en el córner, una coreografía de victoria que sellaba el pase a los octavos de final. El Real Madrid sigue vivo, sufriendo pero imperando, en su competición fetiche.


