El Atlético de Madrid firmó una de sus noches más negras en la historia reciente de la Champions League al caer derrotado (1-2) frente al Bodø/Glimt. Un resultado catastrófico que deja a los de Diego Pablo Simeone fuera del Top-8 y les condena a jugar la ronda de playoff. El Metropolitano, que terminó el partido con una pitada monumental, dictó sentencia tras un encuentro donde el equipo se deshizo como un azucarillo y el Cholo fue señalado por sus incomprensibles cambios.
Del éxtasis de Sorloth al drama del VAR
El partido empezó con un Atleti eléctrico, espoleado por un Metropolitano que rugía bajo el temporal. Tras un gol anulado a Baena por un fuera de juego milimétrico, la justicia pareció llegar en el minuto 14. Una diagonal perfecta de Hancko terminó en la cabeza de Sørloth, que picó el balón con rabia para poner el 1-0. El noruego celebraba con furia ante su exequipo, y el estadio soñaba con la goleada.
Sin embargo, la noche empezó a torcerse con las decisiones arbitrales. Julián Alvarez llegó a marcar un gol olímpico espectacular que el colegiado Mariani anuló de forma incomprensible alegando que no había pitado. Ese fue el inicio del fin. El equipo visitante, fiel a su estilo valiente, empató en el 34′ con un tanto de Sjovold tras una jugada de lateral a lateral que pilló dormida a la zaga rojiblanca.
El caos de los rechaces y la rebelión de la grada
La segunda parte fue un despropósito. En el minuto 58, tras un eslalon de Berg y una serie de rebotes esperpénticos en el área de Oblak, Hogh cazó el balón para poner el 1-2. El Metropolitano enmudeció. El Atleti lo intentó con más corazón que cabeza, estrellando balones en la madera por mediación de Barrios y viendo cómo Khaikin, el portero noruego, sacaba manos imposibles a disparos de Nico González y Almada.
Pero el momento de máxima tensión llegó en el minuto 77. Con el equipo necesitando un gol para seguir vivo en el Top-8, Simeone decidió retirar del campo a Pablo Barrios, el mejor del equipo, para dar entrada a un central como Le Normand. La reacción del estadio fue unánime: una pitada estruendosa que retumbó en los cimientos del Metropolitano. La grada no entendió que se blindara la defensa cuando el incendio estaba en el área contraria.
Un final con pitos y destino playoff
El descuento fue un quiero y no puedo, marcado por las pérdidas de tiempo de los noruegos y la desesperación de un Atleti que reclamó un penalti por mano en la última jugada que no fue concedido. El pitido final desató la tormenta definitiva: una pitada generalizada contra el equipo y el cuerpo técnico.
El Atlético de Madrid cierra esta fase de liga de la peor manera posible. No dependía de sí mismo, pero la derrota ante el conjunto noruego es un golpe de realidad durísimo. Ahora espera el playoff, un camino más largo y espinoso para un equipo que hoy perdió el rumbo y, por momentos, la conexión con su gente.

