Pincelazo de Griezmann para espantar los fantasmas de Riazor

January 13, 2026

El Atlético de Madrid ya está en los cuartos de final de la Copa del Rey. No fue una noche de gala, ni un paseo militar, sino un ejercicio de supervivencia en un Riazor que rugió como en sus mejores épocas. Un solitario golazo de falta de Antoine Griezmann fue suficiente para derribar el muro de un Deportivo de La Coruña valiente, que vendió cara su derrota y obligó a los rojiblancos a terminar pidiendo la hora.

Madera y frustración en el primer acto

El partido nació con el Atlético queriendo mandar, pero topándose con la realidad de un Dépor muy bien plantado por Antonio Hidalgo. Los primeros quince minutos fueron un monólogo estéril de los de Simeone, con Julián Álvarez intentándolo sin fortuna y un Ruggeri que rozó la gloria con un disparo ajustado que escupió la madera.

Riazor, lejos de amilanarse, empezó a creer a medida que el Atleti se volvía plano. Musso tuvo que intervenir de forma providencial ante un cabezazo de Zakaria que pudo cambiar el destino del encuentro. Antes del descanso, la frustración colchonera aumentó cuando Griezmann estrelló un zurdazo en el larguero y la “Araña” falló un el mano a mano ante Germán. El 0-0 al descanso dejaba un aroma a emboscada en el ambiente coruñés.

La genialidad que cambió el guion

Simeone no esperó más y en el minuto 59 agitó el árbol con un triple cambio: fuera Molina, Baena y un gris Julián; dentro Sorloth, Almada y el esperado regreso de Pablo Barrios. El efecto fue inmediato. Apenas dos minutos después, una falta en la frontal del área se convirtió en el lienzo perfecto para el mejor artista del equipo.

Antoine Griezmann acomodó el balón, levantó la vista y dibujó una parábola perfecta que se coló por la escuadra. Germán ni se movió. Fue un pincelazo de genio que desatascó un partido que se estaba poniendo muy feo.

Sangre, sudor y cerrojo final

Tras el gol, el partido entró en una fase de caos. Un choque brutal entre Griezmann y el portero Germán dejó a ambos magullados, el meta local incluso necesitó puntos de sutura en el labio, lo que enfrió el ritmo pero encendió a la grada. El Dépor, con la entrada de Yeremay, se lanzó con todo a por el empate.

El Atleti, fiel a su ADN de resistencia, se pertrechó atrás. Simeone leyó el peligro y metió a Giménez para formar una defensa de cinco, renunciando al ataque para proteger el botín. Musso volvió a aparecer ante los intentos desesperados de Quagliata y Alti, mientras Barrios perdonaba la sentencia en una contra clara.

El pitido final tras siete minutos de descuento fue un alivio para un Atlético que, sin convencer en el juego, demuestra que tiene en la Copa su gran clavo ardiendo de la temporada. Griezmann puso la magia; el resto puso el sudor.