El Atlético Madrileño sufrió un traspié inesperado en Alcalá de Henares tras caer derrotado (1-2) ante el Gimnàstic de Tarragona. A pesar de adelantarse en el marcador y dominar gran parte del juego, la falta de contundencia en las áreas y una desconexión al inicio del segundo tiempo condenaron a los de Fernando Torres, que ven cómo el liderato del Grupo 2 se les puede escapar a tres puntos si el Sabadell no falla en su compromiso dominical.
Boñar abrió el camino con un latigazo
El partido comenzó con el guion esperado: un Madrileño mandón y un Nàstic replegado. En el minuto 5, Cubo ya avisaba asistiendo a Belloti, cuyo cabezazo obligó a Rebollo a lucirse. Sin embargo, el premio llegó en el minuto 18. Javi Boñar recogió un balón en la frontal y, sin pensárselo dos veces, soltó un disparo raso que pasó entre una selva de piernas para colarse pegado al poste derecho.
El 1-0 parecía el inicio de una tarde plácida, pero el fútbol no entiende de inercias. El Nàstic, que apenas había inquietado a Esquivel, aprovechó una de sus pocas internadas antes del descanso. En el minuto 42, un centro de Zoilo desde la izquierda encontró a Joan Jardí, quien con un remate cruzado puso las tablas en el marcador justo cuando el Madrileño mejor se sentía.
La remontada de Cedric y un asedio estéril
La segunda mitad arrancó con un jarro de agua fría. En el minuto 50, de nuevo tras un servicio de Zoilo, Cedric apareció completamente solo en el corazón del área para cabecear a placer y poner el 1-2. El Madrileño, aturdido por la remontada, tardó unos minutos en reaccionar, mientras Juanda se convertía en una pesadilla por la banda derecha grana.
Torres movió el banquillo buscando frescura y el equipo se volcó al ataque. La tuvo Boñar con una rosca que buscaba la escuadra y, sobre todo, Llorente en el 67′, pero su disparo a bocajarro fue repelido por Rebollo con los pies de forma milagrosa.
El drama final llegó en el minuto 88. Arnau Ortiz se inventó una jugada eléctrica por banda y puso un centro raso que se paseó por la línea de gol tras un error del portero. Llorente se barrió con todo, pero se quedó a milímetros de empujar el balón a puerta vacía. Fue el último suspiro de un Atleti que lo intentó por tierra, mar y aire, pero que terminó hincando la rodilla ante la efectividad tarraconense.

