Martín Presa, el único culpable de una vergüenza que ya no sorprende

febrero 7, 2026

Lo ocurrido en Vallecas con la suspensión del partido entre el Rayo Vallecano y el Real Oviedo no es un accidente. No es mala suerte. No es lluvia.
Es gestión. O, mejor dicho, falta absoluta de ella.

Un partido aplazado a escasas horas de su inicio, con aficionados desplazados, hoteles pagados, viajes y un estadio esperando algo que ya se sabía que no podía celebrarse. Y no, no es culpa del Rayo. El Rayo es su gente. Y precisamente por eso duele tanto.

Aquí hay un único nombre que debe ser señalado: Raúl Martín Presa.

No ha sido la lluvia, ha sido la dejadez

El césped de Vallecas no se estropeó ayer. Ni anteayer. Ni esta semana.
Es un problema estructural, conocido, repetido y denunciado. Por los jugadores, por el cuerpo técnico y por la afición. Cambiar el césped a contrarreloj, terminarlo prácticamente el jueves y pretender que esté en condiciones dos días después no es mala fortuna: es una irresponsabilidad.

Decir que todo se debe a la climatología es una excusa pobre que ya no se sostiene. El mantenimiento, la previsión y el cuidado de un estadio de Primera División no se improvisan. Y cuando se improvisa, pasan cosas como esta.

El problema del césped viene de lejos, igual que el de las instalaciones. Tan de lejos que los propios jugadores han tenido que abandonar la Ciudad Deportiva para poder entrenar en condiciones mínimamente profesionales.

Y esto, sinceramente, es lo que más vergüenza da.

Que futbolistas de Primera División tengan que coger sus coches y desplazarse a otros campos, como el Virgen de la Torre, porque su club no les garantiza un terreno en condiciones, es algo impropio, indigno y absolutamente inadmisible en el fútbol profesional.

Durante la pretemporada ya no pudieron entrenar con normalidad. Meses después, la situación no solo no mejoró, sino que se agravó. Campos impracticables, planificación alterada, rutina rota. Así no se puede competir, pero tampoco se puede trabajar.

Los que sí están a la altura

Mientras el club calla, la afición responde.
Mientras la directiva se esconde, la plantilla da la cara.

Cuando los jugadores dicen basta. Que una plantilla y su cuerpo técnico tengan que alzar la voz a través de la AFE no es un gesto caprichoso. Es el último recurso. Es decir públicamente lo que llevan tiempo denunciando en privado y nadie ha querido resolver.

Hablan de césped, sí.
Pero también de duchas sin agua caliente.
De instalaciones obsoletas.
De condiciones que no corresponden a un club de la élite.

Y aun así, recalcan su compromiso. Con el escudo. Con la competición. Con la afición.
Los que sí están a la altura. Eso también es competir en Primera.

Y aun así, hoy muchos señalan al Rayo. Error.
Los primeros perjudicados son los rayistas, los de Vallecas y los que recorren cientos de kilómetros para ver a su equipo.

Un club secuestrado por su presidente

El Rayo no está mal representado por su afición.
No está mal defendido por sus jugadores.
Está mal dirigido.

Raúl Martín Presa lleva años enfrentado con su gente, con las instituciones, con el entorno del club. Y el resultado es este: un equipo que solo es noticia cuando hay problemas, polémicas o vergüenzas. Nunca por fútbol. Nunca por mérito deportivo.

Hoy todos los diarios hablaban del Rayo.
¿Pero cuándo ocurre eso?
Cuando todo va mal.

Ese es el mayor fracaso de esta gestión.

Mi opinión (y la de muchos)

Esto no es solo enfado. Es tristeza.
Da vergüenza que nos vean así. Da vergüenza tener este presidente. Da pena sentir que un club histórico como el Rayo Vallecano se está desgastando, o ya se ha desgastado, por culpa de quien debería cuidarlo.

Me duele que el Rayo solo sea portada por lo negativo.
Me duele que el club ni siquiera haya sido capaz de emitir un comunicado propio.
Un retuit y a tirar. Como si no pasara nada.

Pero pasa. Y mucho.

El Rayo no es su presidente.
El Rayo es su gente.
Y esa gente ya ha dicho basta.