El pasado viernes se conoció la lista de convocados de la selección española elaborada por Luis de la Fuente para los partidos clasificatorios para el Mundial 2026 ante Georgia y Turquía.
Ha sido la penúltima lista antes del Mundial, y como en cada anuncio, surgen nombres que invitan al debate: futbolistas que atraviesan un momento de forma brillante, consolidados en sus clubes o en plena proyección, pero que siguen sin encontrar espacio en los planes del seleccionador. Su ausencia reabre un viejo debate sobre los criterios de elección y pone de manifiesto la riqueza —y también la contradicción— del talento español actual.
El caso de Álvaro Valles es el mejor ejemplo. A sus 28 años, el guardameta del Betis vive su madurez deportiva como uno de los porteros más solventes del campeonato. Regular, ágil y con un juego de pies de gran nivel, ha respondido con actuaciones notables en momentos clave. Pese a ello, el cuerpo técnico mantiene la confianza en un bloque más establecido con Unai Simón, David Raya y Alex Remiro, Valles continúa esperando una oportunidad que, por méritos, parece haber ganado.
Defensas que merecen más atención
También la defensa deja varias incógnitas. Álvaro Carreras y Raúl Asencio, ambos del Real Madrid, representan la nueva hornada de defensas con proyección y lectura moderna del juego. Carreras se ha asentado en el costado izquierdo con naturalidad, aportando profundidad y criterio en la salida de balón. Asencio, que el curso pasado dio un paso al frente en plena crisis de lesiones, demostró personalidad y madurez impropias de su edad. Aunque perdió peso tras el Mundial de Clubes, su versatilidad para actuar como central o lateral derecho le convierte en un recurso valioso que el seleccionador aún no ha contemplado.
Más llamativa resulta la situación de Íñigo Martínez, titular indiscutible en el Al Nassr saudí y con galones de sobra para volver a la Roja. A su experiencia y liderazgo se suman circunstancias extradeportivas que parecen mantenerle al margen. Tampoco Alejandro Balde, figura clave en el Barcelona, ha encontrado continuidad con la selección, mientras que Óscar Mingueza sostiene su crecimiento en el Celta de Vigo con discreción y eficacia, sin que sus números se traduzcan en reconocimiento.
Talento joven que pide paso
El centro del campo mantiene la misma paradoja. Nico González, en progresión bajo Guardiola en el Manchester City, ha añadido madurez táctica y lectura del juego a su capacidad física. Alberto Moleiro, asentado en el Villarreal, es uno de los mediapuntas más completos de la Liga: pausa, imaginación y llegada.
Y Yeremay Hernández, motor del Deportivo de la Coruña en la Liga Hypermotion, se ha convertido en uno de los talentos más prometedores del país, con una mezcla de regate, inteligencia y personalidad que trasciende su categoría. Tres perfiles distintos, pero una conclusión común: el crecimiento no siempre abre la puerta del reconocimiento.
Arriba, la lista de olvidados también tiene nombres propios. Jorge de Frutos, convocado finalmente por la lesión de Lamine Yamal, ha demostrado en el Rayo Vallecano un nivel que justifica su continuidad.
Rafa Mir, reencontrado con el gol en el Elche, y Ayoze Pérez, líder ofensivo del Villarreal, forman parte de ese grupo de atacantes que garantizan rendimiento sin necesidad de estridencias. El fútbol les premia cada semana, pero el contexto de selección les sigue pasando de largo.
España vive un momento de abundancia. Hay talento, hay presente y hay futuro, pero la gestión de esa riqueza no es sencilla. Cada convocatoria deja una estela de nombres que podrían vestir la camiseta nacional sin que nadie lo discutiera. Valles, Balde, Moleiro o Ayoze simbolizan una verdad incómoda: en el fútbol español, el mérito existe, pero no siempre basta.


