El Palau Blaugrana vivió otro capítulo amargo en el Clásico de baloncesto. El FC Barcelona cayó con contundencia ante el Real Madrid por 76-95 en un partido que cambió radicalmente tras un inicio prometedor de los locales.
El encuentro arrancó con energía por parte azulgrana. Empujado por su afición y con un inicio liderado por Jan Veselý, que incluso inauguró el marcador con un mate, el Barça logró imponer su ritmo en los primeros minutos. La solidez interior y el trabajo defensivo permitieron a los de Xavi Pascual cerrar el primer cuarto por delante (18-15), dando la sensación de que podían competir de tú a tú.
Sin embargo, todo se torció en el segundo cuarto. El conjunto blanco elevó el ritmo y, sobre todo, desató un vendaval desde el triple que resultó imposible de frenar. Jugadores como Facundo Campazzo, Mario Hezonja o Gabriele Procida encontraron el aro con una facilidad asombrosa, firmando un espectacular 8/9 desde el perímetro en ese cuarto. El parcial fue demoledor (15-36), llevando el marcador hasta un claro 33-51 al descanso.
A partir de ahí, el partido perdió prácticamente toda la incertidumbre. El Barça intentó reaccionar tras el paso por vestuarios, con acciones puntuales de Will Clyburn o destellos de Joel Parra —incluido un triple sobre la bocina—, pero la diferencia se mantuvo estable. El control del juego por parte de Campazzo y la superioridad física de Edy Tavares en la pintura impidieron cualquier acercamiento serio. El tercer cuarto terminó con un 53-71 que dejaba todo visto para sentencia, y el último periodo sirvió únicamente para confirmar la superioridad visitante. Ni los intentos finales ni el orgullo local evitaron que la distancia rondara los veinte puntos durante muchos minutos, hasta el definitivo 76-95.
El resultado refleja la diferencia actual entre ambos equipos: un Real Madrid sólido, con recursos y en gran momento de forma, frente a un Barça que compite a rachas y sigue mostrando dificultades, especialmente en ataque y en el tiro exterior.


