A la espera de que termine el último parón internacional del año, en el Atlético de Madrid ya vislumbran su horizonte más cercano. El próximo domingo los de Simeone retomarán la acción en LaLiga. Y lo harán en un escenario que no trae grandes recuerdos. Todo lo contrario, pues Getafe fue el principio del fin de las aspiraciones rojiblancas la temporada pasada.
Comenzando el mes de marzo, el Atlético afrontó un Everest que se terminó haciendo bola. ¿La mejor de las evidencias? Un mes después, el 2 de abril y en la vuelta de semifinales de la Copa del Rey, el equipo se despidió de cualquier opción de levantar un título. Sin embargo, con la lectura y el análisis que solo el tiempo permite, es justo decir que el epicentro de la caída colchonera se situó en Getafe, en el Coliseum.

Aquel 9 de marzo los pupilos de Simeone saltaron al césped con la cabeza en otro lado. Concretamente, en la eliminatoria de octavos de final de la UEFA Champions League ante el Real Madrid. Tan solo cinco días antes se había librado la primera de las batallas de un derbi madrileño agónico. Y tan solo tres días después debía librarse la segunda. Para colmo, con la necesidad de remontar en el cuadro rojiblanco.
La expulsión que lo cambió todo
Pese al lógico despiste que habitaba en las mentes de los futbolistas colchoneros, el partido andaba por los cauces habituales por los que suelen transitar los duelos entre Getafe y Atlético. Con mejor o peor juego, pero con el resultado sonriendo al segundo de los conjuntos. No es casualidad. Desde la llegada de Simeone al banquillo del Atleti los datos son demoledores. 22 partidos han caído del lado rojiblanco, cinco han acabado en empate y en tan solo uno el triunfo ha sido azulón.
En marzo, un gol de Sorloth desde los once metros en el minuto 75 invitaba a pensar que el desenlace iba a ser el de casi siempre. Pero si hay una mancha en esa dominadora estadística citada anteriormente es porque en el Coliseum sucedió lo que nunca antes. En el minuto 87, con los de Simeone acariciando los tres puntos, Correa metió la pata. Nunca mejor dicho.

Sin necesidad alguna, dejó a su equipo en inferioridad numérica. Y el Getafe lo aprovechó para darle la vuelta al partido en apenas cinco minutos. Una derrota que dejó huella y mermó una moral que terminó de hundirse una semana después. Con una eliminación polémica en Champions y con el FC Barcelona asaltando el Metropolitano para despedir al Atlético de la pelea por LaLiga.
Sed de venganza
El fútbol siempre da segundas oportunidades. Antes o después, pero el deporte rey acaba cruzando los caminos de los equipos. Para el Atlético lo de este domingo no es un simple partido, es mucho más. Porque en juego hay tres puntos que son claves si se quiere seguir de cerca la estela de los equipos que le preceden en la clasificación.
Porque ganar a los de Bordalás supondría la segunda victoria del curso lejos del Metropolitano. Esa gran tarea pendiente, junto al balón parado, para los colchoneros. Y un factor diferencial en una recta final de 2025 que promete emociones fuertes. Por delante ocho partidos y tan solo tres en casa. Empieza una prueba de fuego para el Atlético viéndose, cara a cara, con sus fantasmas del pasado.


