La fotografía simboliza el escenario al que apunta el análisis: el reto de llegar a un Mundial como número uno del ranking FIFA y superar una tendencia histórica que ningún líder mundial ha logrado romper./ Vía: @afaseleccion

España ante la maldición del número uno del ranking FIFA

November 13, 2025

Desde que existe el ranking FIFA, ninguna selección ha logrado coronarse campeona del mundo tras llegar al torneo como líder de la clasificación. Es una estadística implacable, sostenida durante más de tres décadas, desde que en 1993 se comenzase a realizar el ranking de selecciones nacionales por la FIFA.

Ahora, con España instalada en lo más alto del ranking, la pregunta vuelve a abrirse paso entre analistas y aficionados: ¿puede la selección romper un patrón que ha resistido incluso a las mejores generaciones de la historia?

Un historial que pesa más que los nombres

El repaso es elocuente. Alemania, Brasil, Francia, España… todas llegaron alguna vez al Mundial como la mejor selección del planeta; ninguna salió campeona. Alemania cayó en cuartos en 1994 pese a su fiabilidad histórica. Brasil, número uno en 1998, se rindió ante la Francia de Zidane. La misma Brasil volvió como favorita en 2006 y 2010, y en ambos casos cayó antes de semifinales. Francia vivió su derrumbe más inesperado en 2002, incapaz de marcar un solo gol. España, tras un ciclo dorado, se desplomó en la fase de grupos de 2014. Y Alemania, vigente campeona en 2018, repitió esa caída abrupta.

Ocho Mundiales, ocho líderes que no confirmaron el destino que anunciaban las cifras. El ranking sitúa en lo más alto a quien llega con mejores resultados recientes, pero la Copa del Mundo exige una consistencia emocional, competitiva y física imposible de medir con algoritmos. En demasiadas ocasiones, el liderato previo ha escondido desgaste, exceso de confianza o un pico de forma prematuro.

España en lo más alto: un privilegio y una advertencia

La selección española ha ascendido al número uno del ranking FIFA gracias a una combinación de rendimiento, estabilidad y continuidad. El equipo de Luis de la Fuente ha encontrado una identidad basada en el control, la presión tras pérdida y una mezcla equilibrada de juventud y experiencia. Sin embargo, el liderato llega envuelto en una paradoja: es un síntoma de fortaleza, pero también una advertencia histórica. España transmite madurez competitiva, pero la condición de favorito absoluto nunca fue garantía de éxito y, en ocasiones, se ha convertido en un peso difícil de gestionar.

Falta medio año para el inicio del Mundial 2026 y lo que hoy parece una radiografía firme del presente podría alterarse en cuestión de semanas. Las selecciones evolucionan, los estados de forma fluctúan y la preparación previa condiciona cualquier proyección.

En ese trayecto aparece un posible examen anticipado. Según avanzó Marca, la FIFA trabaja en una nueva Finalissima que enfrentaría a Argentina y España el 27 de marzo de 2026 en Doha, un escenario con un fuerte simbolismo para la Albiceleste, campeona allí en 2022. El encuentro, aún pendiente de confirmación, reuniría a las dos mejores selecciones del ranking y serviría como termómetro previo al Mundial.

España afronta esta recta final con un bloque sólido, aunque no exento de matices por resolver: rotación en posiciones sensibles, aparición de nuevos liderazgos y adaptación a rivales de mayor capacidad física. La distancia entre ser la mejor selección del mundo en un ranking y convertirse en campeona del mundo sigue siendo amplia, exigente y, como demuestra la historia, difícil de salvar.

El desafío de cambiar la maldición

La llamada maldición del número uno no es un dogma, pero sí un recordatorio. Las selecciones que dominaron el ranking a menudo llegaron al Mundial arrastrando inercias que no supieron sostener o agotaron su impulso competitivo antes del torneo. España se encuentra ante un desafío que es tanto estadístico como emocional: mantener la frescura sin renunciar a la continuidad, administrar el favoritismo sin convertirlo en una carga y consolidar un equipo capaz de sostener su identidad en los momentos decisivos.

La selección de Luis de la Fuente se asoma al Mundial desde una posición privilegiada. Lo hace, además, con la posibilidad de romper una tendencia que ha resistido a las generaciones doradas de Brasil, Francia, Alemania y a la propia España. Si consigue sostener su trayectoria en los próximos meses, podría desafiar una estadística que lleva más de treinta años sin quebrarse.

Lo demás, como siempre, se resolverá donde corresponde: en el terreno de juego.