El Soldado del Invierno no falla: Sørloth desatasca un duelo de infarto ante el Alavés

January 18, 2026

El Atlético de Madrid cumplió con el expediente en el Metropolitano tras derrotar por la mínima (1-0) al Deportivo Alavés. Fue un partido de rachas, donde los de Diego Pablo Simeone pasaron de la frustración por la falta de puntería a la euforia del gol, para terminar sumidos en un mar de dudas y pitos por un cierre de partido excesivamente conservador. El noruego Alexander Sørloth volvió a ser el factor diferencial de un equipo que se aferra a la parte alta de la tabla.

Un muro llamado Sivera y la locura del descuento

La primera parte fue un monólogo rojiblanco en posesión, pero un desierto en cuanto a ideas claras. El Alavés de Coudet se plantó con un bloque bajo muy sólido que desesperó a Julián Álvarez y Thiago Almada. El Atleti volcaba todo su juego por la derecha, con un Giuliano Simeone hiperactivo, pero los remates se marchaban desviados o morían en las manos de un Sivera muy seguro.

El delirio llegó en el tiempo de descuento antes del descanso. En apenas sesenta segundos, el Atleti tuvo una cuádruple ocasión clarísima. Disparos a bocajarro de Julián y Sørloth que la defensa babazorra sacó bajo palos de forma milagrosa. El Metropolitano no podía creer que el marcador siguiera 0-0 tras semejante asedio.

La conexión Barrios-Sørloth rompe el candado

La charla de Simeone en el vestuario surtió efecto inmediato. Apenas tres minutos después de la reanudación, Pablo Barrios se inventó un centro “caramelo” desde el flanco derecho. El balón voló al corazón del área donde apareció el “Soldado de Invierno”, Alexander Sørloth, para conectar un testarazo potente que, tras golpear en el poste, besó las mallas.

Con el 1-0, el Atleti jugó sus mejores minutos. Baena estuvo a punto de firmar el gol de la jornada con un disparo de rosca que se estrelló violentamente en la madera, y Almada desperdició un mano a mano tras una jugada maradoniana de Barrios. Parecía que el segundo estaba al caer, pero el equipo perdonó la vida al Alavés.

Pitos, repliegue y el susto de Lucas Boyé

Lo que parecía una tarde tranquila se complicó por decisión propia. Simeone, buscando proteger el resultado, realizó cambios defensivos que no gustaron nada a la grada. La entrada de Nahuel Molina fue recibida con una sonora pitada, reflejo de la tensión por ver cómo el equipo regalaba metros a un Alavés que creció en el tramo final.

Los últimos diez minutos fueron un suplicio. El Alavés se instaló en campo contrario y rozó el empate en el minuto 91 con un cabezazo picado de Lucas Boyé que se marchó lamiendo el larguero. El pitido final fue un alivio absoluto para un Atleti que gana, pero que deja la sensación de que jugar con fuego en el Metropolitano empieza a cansar a su gente. Tres puntos de oro, pero con mucho que reflexionar.