Vallecas necesitaba una victoria y el Rayo Vallecano, también. En una tarde marcada en rojo, el conjunto de Íñigo Pérez respondió cuando más apretaba la clasificación y se reencontró con el triunfo tras ocho jornadas sin ganar. El 2-1 ante el Mallorca no solo corta una racha peligrosa, sino que devuelve oxígeno, confianza y, sobre todo, la sensación de que este equipo sigue muy vivo.
La Franja salió al partido como lo exigía el contexto: intensa, valiente y decidida a no dejar pasar otra oportunidad en casa. Apenas habían pasado cinco minutos cuando Vallecas ya celebraba. Mendy lanzó en largo, Álvaro atacó la espalda y Jorge de Frutos apareció para empujarla y confirmar un gran arranque del Rayo Vallecano, que encontró en las bandas su principal vía de escape.
El Rayo mandaba, pero en una de sus pocas apariciones, Muriqi volvió a castigar a los franjirrojos con un cabezazo imperial que igualó el choque y recordó los fantasmas de partidos recientes.
Lejos de venirse abajo, el Rayo insistió y encontró premio antes del descanso. De Frutos, diferencial durante toda la primera mitad, forzó un penalti tras un forcejeo con Valjent e Isi Palazón asumió la responsabilidad desde los once metros. El de Cieza no falló y devolvió la ventaja a un Rayo que se marchó al vestuario por delante, pero consciente de que no podía permitirse ni un segundo de relajación.
La segunda parte fue un ejercicio de resistencia, madurez y compromiso colectivo. El Mallorca empujó más por necesidad que por claridad, mientras el Rayo supo sufrir, competir cada balón y seguir amenazando a la contra. De Frutos, Álvaro e Isi rozaron el tercero, pero la sentencia no llegó y el final se convirtió en una prueba de nervios.
La expulsión de Óscar Valentín añadió aún más tensión a un tramo final ya bastante cargado. El Mallorca lo intentó todo, incluso subiendo a su portero en los últimos instantes, y Muriqi tuvo el empate en el segundo palo… pero la fortuna, por una vez, cayó del lado franjirrojo.
El pitido final desató el alivio. El Rayo celebra mucho más que tres puntos, una victoria que devuelve fe, que frena la caída y que confirma que, cuando el contexto aprieta, este Rayo sabe responder.


