Los problemas en el césped obligaron al club a buscar alternativas durante casi tres semanas
El Rayo Vallecano vuelve al lugar donde todo tiene sentido: el Estadio de Vallecas. Tras semanas marcadas por la incertidumbre y los problemas con el estado del terreno de juego, el conjunto dirigido por Iñigo Pérez ha regresado hoy miércoles a su estadio para entrenar, dejando atrás 18 días sin poder utilizarlo.
La última vez que el primer equipo pisó su propio césped fue el 6 de febrero, en la previa del encuentro frente al Real Oviedo. Aquel entrenamiento tuvo que suspenderse por las malas condiciones del terreno de juego, una situación que terminó desencadenando un auténtico quebradero de cabeza institucional y deportivo. Desde entonces, el equipo se vio obligado a buscar alternativas tanto para entrenar como para competir.
Un mes sin sentirse local
El problema no solo afectó a las sesiones de trabajo. También condicionó el calendario competitivo. El encuentro ante el Oviedo quedó aplazado para el 4 de marzo, mientras que el choque frente al Atlético de Madrid tuvo que disputarse fuera de Vallecas. Gracias a la colaboración del Leganés, el partido se celebró en Butarque.
Desde el duelo ante Osasuna el pasado 24 de enero, el Rayo no ha podido ejercer como local en su propio estadio. Una anomalía que ha dejado 35 días sin fútbol en Vallecas y que ha golpeado especialmente a la afición franjirroja, privada de ver a su equipo en casa pese a tener su abono al día.
Más allá del impacto deportivo, la situación generó incomodidad en todos los implicados, tanto rivales, aficionados desplazados y el propio club, que ha tenido que reorganizar su planificación sobre la marcha. Pero si hay alguien que lo ha sufrido especialmente es el hincha rayista. Harto de estas situaciones y harto del trato recibido.
El sábado, reencuentro con la grada
El regreso al estadio no es solo simbólico. Este sábado, el Rayo recibirá al Athletic Club a las 14:00 horas en Vallecas. Será el reencuentro con su público más de un mes después, en un contexto donde cada punto empieza a pesar y cada detalle cuenta.
La vuelta a casa supone recuperar algo más que un campo de fútbol, significa estabilidad, normalidad y el impulso de una grada que convierte cada partido en un ejercicio de identidad colectiva. Vallecas vuelve a latir. Y el Rayo, por fin, vuelve a sentirse local.


