El Atlético de Madrid se despidió de la Supercopa de España en Yeda tras caer (1-2) ante el Real Madrid en una semifinal que fue un auténtico carrusel de emociones. El equipo de Diego Pablo Simeone tuvo que remar a contracorriente desde el primer minuto, demostró una capacidad de reacción encomiable y asedió la portería blanca hasta el último suspiro, pero la falta de pegada en los metros finales privó a los rojiblancos de una final que rozaron con la punta de los dedos.
El mazazo inicial y la rebelión rojiblanca
El partido comenzó con un guion de pesadilla. Apenas se habían cumplido sesenta segundos cuando Fede Valverde sorprendió a todos con un zapatazo de falta directa que se coló en la portería de Oblak. Un jarro de agua fría que habría hundido a cualquier otro equipo, pero este Atleti está hecho de otra pasta.
Lejos de amilanarse, los colchoneros tomaron el mando. Liderados por un Sorloth que peleaba cada balón como si fuera el último y la verticalidad de Giuliano Simeone, el Atleti empezó a coleccionar ocasiones. Courtois tuvo que vestirse de héroe para sacar un cabezazo a bocajarro del noruego y un disparo lejano de Baena. El equipo dominaba, pero el fútbol, a veces injusto, mandaba al descanso una ventaja mínima para los blancos.
La conexión Giuliano-Sorloth revive la esperanza
La segunda mitad trajo el segundo golpe. En el minuto 54, una contra letal finalizada por Rodrygo ponía el 0-2 y parecía sentenciar el derbi. Pero el banquillo de Simeone respondió de inmediato. La entrada de Le Normand, Griezmann y Johnny Cardoso le dio al equipo el empuje necesario para el asalto final.
Solo tres minutos después del gol madridista, el Atleti rugió. Giuliano Simeone puso un centro medido al corazón del área y Alexander Sorloth se elevó por encima de todos para conectar un cabezazo inapelable. Era el 1-2 y el Estadio Rey Abdullah sentía que la remontada era posible.
Un asedio sin premio y el lamento de Julián
El tramo final fue un monólogo rojiblanco. El Atleti encerró al Madrid en su área, con Marcos Llorente rozando el poste con un disparo desde la frontal y Griezmann obligando a Courtois a otra intervención acrobática. La tensión se trasladó también a los banquillos, con un Simeone volcánico que terminó amonestado tras un cruce de palabras con Vinicius.
La ocasión que quedará grabada en la retina de los aficionados llegó en el minuto 95. Julián Álvarez recibió un balón picado dentro del área para mandar el partido a los penaltis. Sin embargo, su disparo salió mordido y se perdió por la línea de fondo. Fue el último aliento de un equipo que lo dio todo pero que se quedó a centímetros de la gloria.
El Atleti abandona Yeda con la cabeza muy alta. Cayó ante el eterno rival, sí, pero lo hizo siendo fiel a su identidad: sin dejar de creer, luchando contra los elementos y demostrando que, incluso en la derrota, su corazón late más fuerte que nunca.

