El Rayo firmó un partido lleno de errores y angustia, pero en el 102’ cayó un Rayo, un penalti de Ratiu en el descuento les permitió rescatar un punto en medio de un final descontrolado en Gotemburgo.
El Rayo Vallecano sobrevivió en Gotemburgo a una auténtica montaña rusa emocional. En un partido que parecía destinado al desastre, el conjunto deÍñigo Pérez rescató un punto en el minuto 102 gracias a un penalti transformado por Ratiu en medio de un tumulto impropio de una competición europea. Un empate que sabe a alivio tras una actuación gris, nerviosa y plagada de errores defensivos que por momentos rozaron el bochorno, pero que al menos dejó una reacción de orgullo final.
Veinticinco años después de su última aventura continental, los franjirrojos regresaban a Europa arropados por unos 400 aficionados que desafiaron kilómetros, lluvia y sustos defensivos. Desde el primer minuto, el Häcken impuso su intensidad. En apenas cuatro minutos, Svanbäck tuvo un mano a mano clamoroso ante Batalla que se marchó rozando el palo. El meta argentino, junto a las correcciones de Lejeune y Vertrouwd, sostuvo al Rayo ante una cascada de errores en la salida de balón y desajustes constantes.
Y, sin embargo, en la primera llegada seria, el Rayo marcó. Minuto 15: pase en largo a la carrera de Camello, que gana línea de fondo y sirve en bandeja el gol para que Álvaro empuje con calma. Efectividad absoluta en medio del caos. Pero el gol no serenó a los vallecanos. Al contrario, el equipo se replegó con miedo y permitió que los suecos crecieran a base de insistencia. Ciss y Trejo acumulaban pérdidas, Isi bajaba hasta campo propio para tocar un balón y Balliu sufría cada duelo.
Brusberg perdonó un regalo de Ciss que parecía un pase de gol. Dahbo, Gustafson y Rygaard rondaban el área con demasiada facilidad. La sensación de inseguridad era evidente. Hasta que en el 40’, Lindberg entró en diagonal, recortó ante un Álvaro muy blando, y batió a Batalla por su palo corto. El empate era ya una cuestión de justicia deportiva. El descanso era necesario, nervios de Trejo (que se libró de una segunda amarilla) y un equipo totalmente roto en sensaciones.
Íñigo reaccionó al descanso dando entrada a Jorge de Frutos por Trejo. El Rayo quiso adelantar metros, pero el guion siguió siendo el mismo: pérdidas, falta de contundencia y un Häcken lanzado. En el 54’, un centro cruzado de Lindberg encontró la llegada de Brusberg, que se tiró para empujar el 2-1. El equipo sueco completaba una remontada anunciada mientras el Rayo parecía desbordado físicamente y emocionalmente.
A partir del minuto 60, el Rayo tiró de orgullo. Pedro Díaz, Alemao y Fran Pérez entraron para meter piernas nuevas en ataque. El equipo empujó desde el lateral, buscó centros y acumuló córners sin demasiada claridad, aunque sí con insistencia. El Pacha Espino rozó el gol con un disparo que se estrelló en el larguero. De Frutos tuvo el empate con una volea que lamió el poste.
Los últimos diez minutos se convirtieron en un delirio. Penaltis reclamados, choques en el área, revisiones de VAR que no llegaban y una desesperación creciente. El árbitro Bandic perdió totalmente el control, cargándose de decisiones polémicas que indignaron al Rayo. Pero cuando todo parecía perdido, ya en el minuto 100, Álvaro recibió un plantillazo dentro del área. Tras revisar el VAR, el colegiado decretó penalti en medio de una tangana monumental: empujones, Batalla en el suelo, Balliu discutiendo con medio Häcken, Alemao por los suelos y expulsión para Chavarría (en el banquillo) tras la tormenta.
Ratiu, que había entrado desde el banquillo, asumió la responsabilidad. En el 90+12’, engañó al meta Berisha, silenció Gotemburgo y desató la locura en la grada rayista. El 2-2 es oro emocional. Un punto que deja muchas dudas sobre la versión rota del Rayo en Europa… pero que al menos demuestra que siguen vivos en los minutos finales.


