El Atlético de Madrid firmó esta noche una de sus actuaciones más completas de toda la temporada. En un Metropolitano encendido, los rojiblancos pasaron por encima del Barcelona (4-0). Una noche histórica para los colchoneros, que dominaron el duelo desde el primer minuto y aprovecharon al máximo sus ocasiones para encarrilar la eliminatoria a falta de la vuelta.
Un inicio arrollador
El Atlético salió desde el primer segundo con la determinación de imponer su sello: intensidad, verticalidad y presión alta que desarticuló al Barcelona.
El guion del partido se escribió temprano. Apenas en el minuto 7, el Atlético se adelantó en el marcador cuando un pase atrás desafortunado de Eric García terminó colándose en su propia portería tras un mal control del portero Joan García, desatando la euforia en las gradas desde muy temprano.
A partir de ahí, los rojiblancos tomaron el control absoluto del juego. El Atlético no solo dominó el balón, sino que también conectó con precisión en ataque, obligando a un Barcelona desbordado a replegarse constantemente. Con este estilo juego no tardó en llegar el segundo tanto para consolidar la superioridad local. En el minuto 14, Antoine Griezmann anotó con una definición exquisita desde dentro del área, enviando el balón al fondo de la red y desatando la locura en el Metropolitano.
Los colchoneros supieron aprovechar el impulso. Su fútbol combinativo fue un dolor de cabeza para una defensa azulgrana que no pudo encontrar respuestas.
Lookman y Julián Álvarez remataron la faena
La avalancha ofensiva del Atlético continuó, presión alta, velocidad en transición y movilidad constante. Un juego con el que encontró premio nuevamente en el minuto 33, cuando Ademola Lookman culminó una gran jugada con un potente disparo que amplió la ventaja.
Antes del descanso, en el añadido de la primera mitad, Julián Álvarez, la araña, volvió a picar y selló la goleada al aprovechar un último servicio dentro del área para dejar el marcador 4-0 al descanso con el que quedó casi sentenciado el partido. Un resultado inapelable que subrayó la superioridad colchonera en el primer tramo del duelo y que hizo estallar a todo el Metropolitano.
Una segunda parte de control y tranquilidad
Con el marcador muy favorable, el Atlético bajó ligeramente el ritmo tras el descanso, centrando sus esfuerzos en controlar el partido sin arriesgar en exceso.
El conjunto catalán trató de recomponerse tras el descanso, pero nunca encontró los espacios ni el ritmo necesarios para inquietar de verdad a la defensa rojiblanca. El Barça gozó de alguna ocasión tímida, incluida una que pareció gol por parte de Pau Cubarsí, pero tras un prolongado análisis del VAR se anuló por fuera de juego, manteniendo intacto el resultado.
A partir de ese momento, el partido cayó en un control total del Atlético, que supo gestionar la ventaja sin apuros y con un ritmo sólido, sin perder el balón ni conceder oportunidades claras a su rival, que acabó con uno menos tras la expulsión directa de Eric García en el minuto 86′.
El Atlético fue durante todo el encuentro superior en los detalles que definen los grandes partidos: intensidad en los duelos, equilibrio defensivo, eficacia en las áreas y una lectura perfecta de los tiempos del encuentro.
La goleada por 4-0 no solo supone un resultado abultado, sino también un mensaje claro del Atlético de Madrid en una competición que siempre ha tenido un valor especial para el club. Con un juego sólido, eficacia en las áreas clave y una lectura táctica impecable, Simeone y los suyos se postulan como candidatos reales a llegar a la final de la Copa del Rey.
El sueño de la final está más vivo que nunca para los colchoneros… y la vuelta en Barcelona se presenta hoy como un reto mayúsculo para los azulgranas.


