Sudor, banquillo y agonía: El Atleti conquista una trinchera en Getafe

noviembre 23, 2025

El Atlético de Madrid se llevó un triunfo de oro (0-1) del Coliseum ante un Getafe CF que volvió a plantear una batalla física y táctica impecable. El equipo de Diego Pablo Simeone tuvo que sufrir, lidiar con una lesión temprana y buscar soluciones en el banquillo para superar el muro de Bordalás, logrando una victoria vital que lo asienta en los puestos de Champions League y, lo más importante, cura la herida abierta en su última visita al campo azulón.

El muro, la baja y la paciencia forzada

El partido en el Coliseum fue exactamente lo que se esperaba: intenso, trabado y con más intensidad que fútbol fluido. El Getafe, muy ordenado y presionante, consiguió que el Atleti tuviera la posesión, pero sin la profundidad necesaria. David Soria solo tuvo que intervenir de forma milagrosa ante un cabezazo potentísimo de Nico González, el único destello de peligro en los primeros minutos.

El guion se torció pronto para el Cholo. Apenas se habían jugado unos minutos cuando Marcos Llorente sintió molestias y tuvo que ser sustituido por Antoine Griezmann. El cambio, aunque forzado, no logró descifrar el entramado azulón antes del descanso.

La revolución del banquillo

La segunda mitad trajo consigo un Getafe más enchufado, empujando con balones al área y buscando la portería de Musso. El Atleti necesitaba un cambio de ritmo. Simeone, ni corto ni perezoso, agitó el árbol con un doble movimiento ofensivo en el minuto 58: Raspadori y Sörloth ingresaron por Koke y Julián Álvarez.

La entrada del italiano fue un vendaval. Raspadori inyectó la chispa que faltaba, generando peligro desde el primer contacto. David Soria, que ya se había lucido, tuvo que sacar una mano tremenda ante un disparo raso y cruzado del recién ingresado.

Un autogol que vale tres puntos

El Atlético apretó, sabiendo que el empate no era suficiente. El partido se rompió gracias a un centro de Raspadori que desvió la suerte, o la mala pata del rival. En el minuto 82, el centro envenenado del italiano, dirigido a la olla, impactó en Domingos Duarte, que terminó marcando en su propia portería. Un gol en propia puerta que desató la euforia rojiblanca y el lamento en las gradas.

El Getafe, lejos de rendirse, se volcó a la desesperada. En el tiempo de descuento, el Coliseum contuvo la respiración: Arambarri conectó un zapatazo que se estrelló en el larguero de la portería defendida por Musso. Fue la última gran ocasión local, y el pitido final confirmó que el Atleti había resistido.

Tres puntos de fe y sudor, conseguidos en un campo donde siempre se sufre, y que permiten al Atlético afrontar el tramo decisivo de la temporada con la moral alta y la herida del Coliseum, por fin, cicatrizada.