El Atlético de Madrid sufrió un doloroso revés en San Mamés al caer 1-0 ante el Athletic Club. En un partido marcado por las ocasiones falladas de los locales y la falta de fluidez rojiblanca, el equipo de Diego Pablo Simeone fue castigado por la ley más cruel del fútbol: del posible gol a favor a encajar el tanto decisivo. Esta derrota, la segunda consecutiva en Liga, frena en seco las aspiraciones del Atleti en la tabla.
Un Atleti desconocido y un vendaval vasco
La primera parte de los colchoneros fue discreta, sin control de la pelota ni capacidad para generar peligro. El equipo de Valverde, liderado por un Nico Williams imparable, volcó el juego en el área de Oblak desde el pitido inicial, poniendo a prueba constantemente a la zaga rojiblanca.
Guruzeta y Sancet gozaron de ocasiones clarísimas, pero la defensa y la falta de puntería mantuvieron el 0-0. El Atleti apenas inquietó. Thiago Almada, que arrancó de inicio buscando la conexión con Julián Álvarez, tuvo la única oportunidad real, anulada por los reflejos de Unai Simón.
El Cholo tuvo que hacer movimientos inmediatos: el capitán Koke, que celebraba su partido 500 en Liga, entró al campo tras el descanso por Gallagher para intentar dar orden al medio campo. Sin embargo, la balanza seguía inclinada hacia el Athletic.
Griezmann y Sörloth, la última esperanza
Simeone activó la revolución total en el segundo tiempo. La necesidad de un revulsivo llevó a la entrada de Sörloth, Griezmann y Raspadori en cascada, buscando el gol que no llegaba. La entrada de los atacantes cambió la dinámica, transformando el partido en un ida y vuelta abierto donde el cansancio pesaba.
El Atleti tuvo su mejor momento cerca del final. Con el cronómetro corriendo, Sörloth se encontró con una oportunidad de oro, pero su remate no encontró puerta
El latigazo fatal de Berenguer
Y entonces llegó el desenlace cruel. Tras una acción ofensiva rojiblanca que se diluyó, el Athletic montó una contra vertiginosa. El balón llegó a Álex Berenguer, que se perfiló y soltó un disparo potentísimo que superó a Oblak.
El gol fue un varapalo psicológico. A pesar del asedio final, con una falta lateral peligrosa de Griezmann que obligó a Unai Simón a estirarse, el Atleti no pudo revertir el marcador.
Dos derrotas consecutivas suponen un frenazo en seco para las aspiraciones del equipo. El Atleti abandona San Mamés con la sensación de haber perdido una oportunidad de oro y con la obligación de resetear rápido de cara al próximo compromiso europeo.

