Arsenal y el vértigo de ser favorito

enero 9, 2026

Año de expectativas máximas para el Arsenal. Es todo o nada. Ya no hay premio consuelo para un equipo que viene peleando títulos que se le escapan cuando más cerca parecen estar. Y es que, tras el pobre rendimiento en el empate 0-0 ante Liverpool, los murmullos, la impaciencia y las preguntas incómodas comenzaron a rodear a un plantel que carga con la obligación de ganar. ¿Sabe el Arsenal ponerse el traje de favorito? ¿Está preparado para responder cuando el contexto aprieta? Con lo visto ante los Reds, las respuestas no parecen del todo alentadoras.

Conviene aclararlo desde el principio: el Arsenal es un gran equipo, y los números lo respaldan. Lidera tanto la Premier League como la Champions y sigue con vida en la Copa de la Liga. Sin embargo, ciertas actitudes empiezan a recordar fantasmas del pasado, cuando en los momentos que invitan a dar un golpe sobre la mesa, aparecen nuevamente las dudas. La actuación ante Liverpool probablemente represente el piso en cuanto a rendimiento, pero preocupa que esa incapacidad aparezca en un partido que pedía dar un paso adelante.

El análisis de este escenario abre varias aristas. Hay pocos goles y situaciones claras, y un nerviosismo que se traslada desde las gradas al campo de juego. No parece que el equipo de Mikel Arteta tenga hoy la lucidez de otros tramos de la temporada y, bajo presión, cada decisión pesa el doble. El vértigo de ser favorito también se juega en la cabeza.

Viktor Gyökeres no arranca

Uno de los focos está puesto en el nivel de Viktor Gyökeres. Siete goles en 24 partidos con la camiseta de los Gunners quedan lejos de lo esperado para un delantero llamado a marcar diferencias, y más aún considerando su costo de 73 millones de dólares. El dato es todavía más alarmante: acumula siete partidos de Premier League sin rematar al arco. Se lo ve estático, desincronizado con el resto del equipo.

Si esta tendencia se mantiene, el comodín Mikel Merino comienza a perfilarse como una alternativa más funcional, ya que Gabriel Jesús tampoco ofrece certezas a largo plazo. En paralelo, la ausencia de Kai Havertz se siente cada vez más, aunque todo indica que en breve podría volver a sumar minutos tras recuperarse de una lesión de rodilla.

El sistema… ¿En colapso?

También empiezan a resquebrajarse algunas certezas del funcionamiento colectivo. Martin Ødegaard, Declan Rice y Martín Zubimendi casi no rotan, y el desgaste en la mitad de la cancha resulta clave para la idea de juego que propone Arteta. Merino aparece como la opción más confiable para alternar, Eberechi Eze volvió a sumar minutos tras varios partidos sin participación y Christian Nørgaard se sostiene en un rol secundario. El caso del joven Ethan Nwaneri es llamativo: talento disponible, pero con escasa presencia en la rotación. El resultado es un equipo previsible, con pocas variantes y una creatividad que se diluye cuando el partido se empantana.

A todo esto, el Arsenal genera poco, es aburrido y depende demasiado de la pelota parada. Si bien ese recurso le dio resultados, también expone una carencia: cuando no hay sorpresa ni fluidez en el juego, el recurso se vuelve una obligación. Esa dependencia, más que una fortaleza, empieza a ser una señal de alerta. Ni hablar de ciertos planteos ilógicos que hace el equipo, encerrándose en vez de arremeter por más. Ejemplo a mano, ante Wolverhampton hace alrededor de un mes, dejándose arrinconar ante el peor equipo de la liga.

¿En qué confiar?

Aun así, hay razones para sostener la confianza. El margen de error hoy es mínimo, y el nerviosismo refleja que hay una conciencia sobre ello entre los integrantes del plantel. A la vez, el equipo pierde poco: en Premier League solo cayó en dos de los 21 partidos disputados, y en Champions ganó los seis que jugó. Defensivamente, es sólido, le convierten poco y, más allá del segundo tiempo ante Liverpool, no suele sufrir en exceso. Además, demostró saber resolver partidos complejos, incluso sin brillar. El contexto también juega a favor, ya que sus principales rivales no atraviesan su mejor momento, con un Manchester City que aparece como el rival a vencer más desde lo moral que desde lo futbolístico.

La memoria reciente ofrece un espejo al cual mirarse. El 4-1 ante Aston Villa fue una verdadera prueba de carácter, una versión del Arsenal que parecía lista para dar el salto definitivo. Diez días después, la involución resulta difícil de explicar. El desafío pasa por reencontrarse con esa identidad y sostenerla en lo que queda de temporada.

Como último punto a tener en cuenta: no hay excusas. Este año el plantel que tiene a disposición Arteta es de máximo nivel, algo que no siempre ocurrió en campañas anteriores. Hay recambio a disposición, con futbolistas de primer nivel esperando su oportunidad. El calendario no debería hacerse cuesta arriba si las lesiones no acechan, y hay alternativas de sobra para revertir al presente.

Thierry Henry y el miedo a ganar

Conviene cerrar citando a quienes saben, y con más deber si es la palabra del rey del norte de Londres. Hace cierto tiempo, Thierry Henry definió este tipo de situaciones con crudeza: Cuando nunca has ganado nada, es difícil cruzar la línea. El miedo a ganar es a veces más grande que el miedo a perder.

La pregunta queda abierta. ¿Podrá el Arsenal imponerse a ese vértigo? En un escenario de todo o nada, la paciencia se agotó y dejar pasar otra Premier ya no parece una opción.