El conjunto de Michel rozó una derrota peligrosa ante el Rayo, pero un cabezazo de Stuani en el 90’ mantiene vivo al Girona en la lucha por la permanencia
El Girona salió vivo de Vallecas cuando el partido ya parecía perdido. El conjunto de Michel Sánchez empató 1-1 ante el Rayo Vallecano gracias a un nuevo milagro de Cristhian Stuani, autor del empate en el minuto 90 en un duelo marcado por el miedo, la tensión y la sensación de urgencia por evitar el descenso.
El Girona volvió a jugar con fuego en Vallecas
El contexto del partido pesaba demasiado como para ver un encuentro abierto. El Rayo Vallecano, todavía celebrando su histórica clasificación para la final de la Conference League, llegaba con cierta tranquilidad competitiva, aunque todavía sin la permanencia cerrada matemáticamente. El Girona, en cambio, aterrizaba en Vallecas tras tres derrotas consecutivas y mirando de reojo una zona roja que cada semana parece más cercana.
Y eso se notó desde el primer minuto.
El equipo de Míchel planteó un partido extremadamente conservador. Con Ounahi actuando prácticamente como falso delantero y con pocos riesgos en salida, el conjunto catalán priorizó no romperse antes que atacar. El problema es que, cuando un equipo juega únicamente para sobrevivir, termina viviendo demasiado cerca del abismo.
Los números reflejan parte de lo ocurrido. El Rayo dominó la posesión con un 59%, remató el doble que el Girona (18 tiros por 9) y acumuló más presencia ofensiva con 26 toques en el área rival por solo 10 del conjunto visitante. Aun así, el partido nunca terminó de romperse.
La mejor ocasión del primer tiempo la tuvo Joel Roca, que pudo adelantar al Girona tras superar a Batalla, aunque su disparo acabó siendo bloqueado por Óscar Valentín bajo presión defensiva. Poco después apareció Gazzaniga, seguramente el futbolista más importante del Girona junto a Stuani esta temporada, para evitar el 1-0 en un mano a mano clarísimo ante Sergio Camello justo antes del descanso.
Stuani volvió a rescatar a un Girona sin alma ofensiva
La segunda mitad mantuvo el mismo guion: poco ritmo, demasiado respeto y una sensación constante de que ambos equipos firmaban el empate incluso antes del pitido final.
El Girona apenas consiguió activar a jugadores diferenciales como Tsygankov, demasiado aislado durante gran parte del encuentro. El ucraniano tuvo la ocasión más clara del segundo tiempo tras una buena transición, pero definió mal con su pierna derecha.
Mientras tanto, el Rayo fue creciendo poco a poco desde la insistencia. Sin demasiado brillo, pero sí con más intención competitiva. Unai López, elegido mejor jugador del partido según distintos medios, lideró cada avance local y terminó siendo decisivo en la acción del 1-0.
El tanto llegó en el minuto 86. Un disparo lejano del propio Unai encontró la puntera de Alemao, que desvió el balón lo justo para superar a Gazzaniga y hacer explotar Vallecas. Ahí el Girona parecía muerto.
Porque más allá del resultado, la imagen del equipo volvía a dejar señales preocupantes: poca agresividad, escasa producción ofensiva y demasiada dependencia emocional de acciones aisladas.
Pero entonces apareció él. Cristhian Stuani entró en el minuto 85 y necesitó apenas una acción para cambiar el partido. Centro desde la derecha, movimiento perfecto dentro del área y cabezazo inapelable al fondo de la red en el 90’. Otro más. Otra vez. Como tantas veces en la historia reciente del Girona.
El uruguayo volvió a demostrar que sigue siendo el alma competitiva del equipo incluso a sus 39 años.
Un punto que sabe a alivio pero no elimina el miedo
El empate deja al Girona con 39 puntos, dos por encima del descenso tras la derrota matemática del Real Oviedo, ya descendido a Segunda División. Sin embargo, el problema para los de Michel no es únicamente clasificatorio. Es futbolístico y emocional. El equipo transmite inseguridad.
Le cuesta atacar, le cuesta sostener ventajas emocionales dentro de los partidos y vive constantemente al límite. En Vallecas volvió a salvarse gracias a un veterano que sigue sosteniendo al club en los momentos más críticos.
El punto puede terminar siendo vital a final de temporada. Pero la sensación que deja el Girona vuelve a ser preocupante. Porque mientras Stuani siga apareciendo, habrá motivos para creer. El problema llegará el día que el uruguayo no pueda volver a rescatarles.


