El Real Madrid sobrevive 2-1 contra un Rayo volcánico y a la tragedia de la lesión de Bellingham con un penalti de Mbappé en el 97’ para mantener el pulso por la Liga.
El Santiago Bernabéu no es un estadio, es un tribunal de justicia, que hoy estuvo a punto de dictar sentencia de muerte. En una tarde que comenzó con el aroma de la tragedia por la lesión de Jude Bellingham en el minuto 8, el Real Madrid de Álvaro Arbeloa consiguió rescatar tres puntos que valen un imperio ante un Rayo Vallecano que fue un vendaval de fe. Un penalti de Kylian Mbappé en el minuto 97 evitó que el incendio en Chamartín se propagara tras el empate de De Frutos, en un partido que volvió a dejar más dudas que certezas sobre la pizarra.

El Calvario de Jude y la lámpara de Vinícius
La función apenas comenzaba cuando el teatro se quedó en silencio. A los ocho minutos, el corazón del madridismo se encogió: Jude Bellingham se rompía en una carrera, retirándose entre lágrimas y dejando su sitio a Brahim.
Sin embargo, cuando el pánico amenazaba con devorar al equipo, apareció el astro brasileñpo. Vinícius Jr. se inventó un gol de época, una jugada sensacional donde, tras un amague de seda que engañó a toda la defensa vallecana, puso el cuero donde habitan las arañas para inaugurar el marcador. Fue el 1-0 y el brasileño, líder por naturaleza, no solo celebró; pidió a la grada que se volcara con un equipo. Que pese a la presión alta, seguía cometiendo errores de principiante en la salida de balón.

La Muralla de Cristal y el Castigo de Vallecas
Tras el descanso, Arbeloa, temeroso de que las molestias de Raúl Asencio en la tibia pasaran a mayores, decidió retirar al canterano para dar entrada a Ceballos, retrasando a Tchouaméni a la zaga. Fue el inicio del colapso. Solo tres minutos necesitó el Rayo para profanar el templo. Un balón a la espalda de Fede Valverde permitió a Álvaro García asistir de cabeza para que De Frutos, más rápido que Tchouaméni, batiera a un Courtois que esta vez no pudo hacer de salvador.
El Bernabéu, soberano e implacable, dictó su veredicto con una salvaje pitada. El Madrid era un barco a la deriva, sin ideas en la medular y dependiendo exclusivamente de las manos de “San Courtois”, quien evitó el desastre total con una parada milagrosa que mantuvo el empate y levanto al estadio entero.
Mbappé: El que no se rinde
No estaba siendo el día de Kylian Mbappé. El francés luchaba contra gigantes, presionaba sombras y hasta estrelló un balón en el travesaño tras un regate a Batalla. Parecía que el “dandy” del partido se marcharía de vacío, frustrado ante la permisividad arbitral con un Lejeune que repartió estopa sin ver la amonestación.
Pero el destino guarda sus mejores giros para el descuento. Tras la expulsión de Pathé Ciss por una entrada criminal a Ceballos, el partido se convirtió en un asedio desesperado a base de centros. Y en el minuto 97, el estallido: penalti a favor de los blancos. Mbappé, con la frialdad de quien se sabe dueño de la verdad, no falló desde los once metros para salvar al madridismo y certificar una victoria agónica.


