Arsenal y cómo desactivar una bomba de nervios

enero 26, 2026

El pasado domingo, Arsenal cayó 3-2 como local ante Manchester United por la fecha 23 de la Premier League. Se puso en ventaja a los 29 minutos tras un gol en contra de Lisandro Martínez, aunque la calma duró poco: diez minutos más tarde, un error de Martín Zubimendi dejó a Bryan Mbeumo mano a mano para el empate. El golpe se profundizó en el inicio del complemento, cuando Patrick Dorgu marcó un golazo desde afuera del área para los visitantes. Arsenal reaccionó tarde y empató a los 84 minutos con un tanto de Mikel Merino tras un córner, pero apenas tres minutos después Matheus Cunha sentenció el 3-2 con otro remate desde lejos.

La derrota, dolorosa por el rival y las pobres formas, no le quitó el liderazgo del torneo a los Gunners, aunque sí achicó el margen de error. Manchester City y Aston Villa ganaron sus respectivos compromisos, y quedaron a cuatro puntos del conjunto de Mikel Arteta.

El resultado reavivó una sensación que sobrevuela al equipo desde hace tiempo. No se trata solo de perder un partido, sino de lo que representa en un contexto más amplio. Semanas atrás, Arsenal ya había mostrado síntomas de esta tensión en el empate ante el Liverpool, generada por saberse obligado a ganar la Premier League. Dato no menor: lleva tres temporadas consecutivas como subcampeón, y más de cinco años sin títulos oficiales (más allá de las Community Shield de 2020 y 2023).

Un líder que camina sobre la cornisa

Hoy, el escenario es exigente. Arsenal lidera la Premier League y la Champions League, y sigue con vida en FA Cup y Carabao Cup, pero la hinchada transita este presente entre la ilusión y el temor. El cierre de 2025 ya había encendido alarmas con victorias ajustadas, muchos goles de pelota parada o en contra y una merma en el rendimiento colectivo. A eso se suma que el equipo no gana hace tres partidos por Premier: dos empates ante versiones pobres de Liverpool y Nottingham Forest, y la derrota en el clásico frente a Manchester United.

Lo más preocupante no fueron los resultados, sino las formas. En ninguno de esos encuentros Arsenal mostró empuje ni la calidad necesaria para generar situaciones claras de peligro. Se vio un equipo frágil desde lo mental, aferrado a decisiones seguras, sin carácter individual para asumir riesgos ni capacidad para revertir escenarios adversos. 

El Emirates como caja de resonancia del miedo

Esa falta de convicción se trasladó rápidamente a las tribunas del Emirates Stadium, donde el murmullo y la ansiedad se apoderaron del ambiente, en una espiral de nerviosismo más propia de un equipo que pelea el descenso que de uno que es puntero.

La explicación va más allá de un mal momento futbolístico. El hincha de Arsenal siente que esta es una oportunidad irrepetible. Son 22 años sin ganar la Premier League, una sequía que pesa cada vez más, y dejarla pasar tendría un costo altísimo. El proyecto podría volverse insostenible, habría figuras que inevitablemente buscarían nuevos rumbos para ganar títulos, y la carga psicológica sería difícil de revertir.

La pregunta empieza a instalarse con crudeza: ¿Qué más hay que hacer para ser campeón? La ansiedad, lejos de empujar, parece inmovilizar. Cada error se magnifica, cada partido se vive como una final anticipada y el margen para equivocarse se vuelve inexistente.

La Champions League, un oasis en medio de la ansiedad

En contraste, hay una competencia donde Arsenal parece respirar. La Champions League es un oasis en medio de la presión constante de la Premier League. Allí, el equipo de Arteta ganó los siete partidos que disputó en la fase de grupos, siempre con autoridad y sin la carga emocional que lo condiciona en el torneo local.

El próximo miércoles cerrará esa etapa como local ante el Kairat Almaty, en un encuentro que aparece como anillo al dedo en el delicado momento que atraviesa la relación entre el plantel y los hinchas.

En Europa, Arsenal no se muestra nervioso. A veces sufre para generar situaciones claras, pero termina imponiéndose desde una superioridad asumida, con una soltura digna de un equipo que se sabe mejor que su rival. Juega con paciencia, control emocional y convencido de que el partido, tarde o temprano, se inclinará a su favor. 

Llevar la calma al torneo que importa

¿Cómo trasladar ese carácter, esa calma competitiva y esa confianza a una Premier League que hoy lo expone más de lo que lo potencia? La diferencia no parece táctica ni física, sino mental.

En la realidad estrictamente deportiva, Arsenal cumple. Está primero, compite en todos los frentes y tiene un plantel de jerarquía. El problema no es el presente, sino la confianza. Este grupo todavía no le demostró a su gente que puede sobreponerse a los golpes. Tres subcampeonatos consecutivos, varios de ellos tras haber tenido ventaja en puntos, erosionan cualquier autoestima colectiva.

Con quince fechas por delante y cuatro puntos de ventaja, el contexto es ideal para que el equipo de Arteta dé el salto definitivo. Pero para hacerlo deberá desactivar, antes que a cualquier rival, la bomba de nerviosismo que lo rodea. Y la única forma de lograrlo es asumiendo riesgos: jugar con decisión, aceptar el error como parte del camino y animarse, de una vez por todas, a sostener el peso de ser favorito.