El Atlético de Madrid salió vivo de una de las aduanas más peligrosas de Europa tras empatar (1-1) ante el Galatasaray en el RAMS Park. En una noche que comenzó con la euforia de Giuliano Simeone y se torció con un infortunio de Marcos Llorente. El empate mantiene a los rojiblancos en la pelea directa por el Top-8, gracias, en gran medida, a una intervención milagrosa de Jan Oblak en el tiempo de descuento de su partido centenario en la competición.
Giuliano silencia el infierno
El Atleti no se dejó intimidar por los decibelios de Estambul. Con una personalidad arrolladora, los rojiblancos golpearon primero. Apenas se cumplía el minuto 4 cuando Ruggeri puso un centro con música al segundo palo. Allí apareció el de siempre en las grandes citas recientes: Giuliano Simeone se elevó con todo para conectar un cabezazo impecable que silenció a la grada turca.
El inicio fue inmejorable. El Atleti dominaba, encontraba espacios y Julián Álvarez rozaba el segundo con un latigazo al lateral de la red. Parecía que el equipo tenía el partido bajo control, desactivando a un Galatasaray que no encontraba la forma de conectar con Osimhen.
El infortunio de Llorente y el despertar turco
Sin embargo, el fútbol en Europa no perdona los accidentes. En el minuto 19, un centro tenso y envenenado de Sallai buscaba un rematador que no existía, pero Marcos Llorente, en su afán por despejar, terminó introduciendo el balón en su propia portería. El 1-1 fue un soplo de vida para el Galatasaray, que a partir de ese momento convirtió el encuentro en una batalla física y de ida y vuelta.
La tensión subió de tono, especialmente en un duelo de titanes entre Marc Pubill y Victor Osimhen. El joven central del Atleti volvió a aprobar con nota un examen de élite, secando al nigeriano en casi todas sus incursiones, aunque ambos terminaron viendo la amarilla tras una tangana que encendió aún más el estadio.
Griezmann acaricia el gol y Oblak firma el milagro
La segunda parte fue un ejercicio de ajedrez táctico. El Cholo movió el banquillo buscando frescura con Baena, Nico González y la jerarquía de Antoine Griezmann. El Atleti fue superior en tramos largos, llegando a tener la victoria en un remate de Hancko que la defensa turca sacó sobre la línea y, sobre todo, en una falta magistral de Griezmann que Cakir sacó de la escuadra.
Pero el destino le tenía guardado el protagonismo al esloveno. En el minuto 94, cuando el Atleti ya pedía la hora, el Galatasaray encontró un hueco en el área para un disparo de Sara que parecía el 2-1 definitivo. Fue entonces cuando apareció el ángel de la guarda: Jan Oblak sacó una mano de otro planeta para desviar el cuero y asegurar un punto que puede ser oro puro.
El Atlético de Madrid dormirá en la zona de privilegio (8º), pero sabe que se jugará el acceso directo a octavos en la última jornada en el Metropolitano. En Estambul se perdió la oportunidad de sentenciar, pero se ganó la certeza de que, con Oblak bajo palos, nada es imposible.

