Rodrygo: talento que atrapa, rendimiento que divaga

October 28, 2025

“Jugador que deslumbra tanto con el balón que a veces parece que el disparo lo hace otro”, es lo primero que un servidor diría acerca del atacante brasileño.

Rodrygo Goes llegó al Real Madrid con ese sello de jugador que enamora con su regate, su velocidad, su capacidad de desborde y la gambeta justa para hacer lucir la camiseta que más pesa del planeta. La estética es indudable: verlo correr por la banda, encarar rivales, romper líneas… es de esos futbolistas con los que el aficionado suspira. Lo visual engancha: regates, arrancadas, desbordes, combinaciones rápidas, fintas. Pero (y siempre hay un pero) la transición de lo vistoso a lo productivo, de lo espectacular a lo decisivo, ha sido errática. Y en un club como el Madrid, eso se nota, y mucho.

Mi postura podría parecer una crítica, pero no pasa de ser un reclamo. A un peral no puedes pedirle manzanas; a Rodrygo, sí puedes pedirle que haga goles. Al menos que no se pase una treintena de encuentros sumando uno o dos. Eso no se sostiene.

Entre que Mastantuono despunta y Güler flota, Rodrygo corre el riesgo de convertirse en el chico simpático del banquillo: ese que aplaude con elegancia los goles de los demás. Un rol que no creo que esté muy por la labor de asumir en año de Mundial.

Rodrygo es un talento indiscutible, un futbolista que seduce con su juego, que aporta desequilibrio y que tiene momentos de alta inspiración. Pero en el Real Madrid, el listón no está puesto para “momentos de inspiración”, sino para ser útil casi siempre, para pesar en los partidos grandes, para definir cuando la ocasión lo exige. Y ahí es donde, hasta ahora, su rendimiento se ha quedado corto, por no decir cortísimo, en algunos tramos.

No es un mal jugador, ni muchísimo menos. Es un jugador valioso, que podría serlo mucho más; pero con valor pendiente de confirmación, uno que podría entrar un día en ese escalón de grandes delanteros del club si logra consolidar lo que hasta ahora solo han sido destellos.

Sólo él puede decidir si quedarse en Marco Asensio o mirar al siguiente nivel.