La llegada de Nahuel Molina refuerza una posición estratégica de la Roma, pero el técnico todavía reclama piezas para completar una plantilla que afrontará el regreso a la Champions.
Hay una sensación particular alrededor de la Roma. No es exactamente impaciencia, tampoco incertidumbre. Es la sensación de que el tiempo empieza a correr más deprisa que el mercado.
A pocos días de cerrar la preparación de verano y con el estreno de la Serie A cada vez más cerca, Gian Piero Gasperini todavía observa una plantilla que considera incompleta. El técnico llegó a la capital italiana con una idea muy concreta de fútbol y con la intención de transformar a la Roma en un equipo capaz de competir por objetivos mayores. Pero para que ese plan funcione necesita futbolistas adaptados a sus exigencias físicas, tácticas y, especialmente, a un sistema en el que los carrileros tienen una importancia central.
La Roma ya ha hecho movimientos importantes. Sin embargo, el propio Gasperini ha insistido públicamente en que todavía quedan piezas por incorporar. Tras la derrota por 3-0 ante el Brighton el pasado 8 de agosto, el entrenador fue contundente al valorar el momento del equipo: la plantilla todavía necesita refuerzos.
Y eso convierte las próximas semanas en decisivas.
Molina, mucho más que un fichaje para la banda
La operación que mejor representa las necesidades del nuevo proyecto es la incorporación de Nahuel Molina.
El argentino, de 28 años, llega a Roma después de cuatro temporadas en el Atlético de Madrid y regresa a una Serie A que ya conoce gracias a su etapa en el Udinese. Su llegada responde directamente a una de las necesidades más evidentes de la plantilla: encontrar un jugador capaz de ocupar el carril con profundidad, recorrido y experiencia.
Molina disputó 181 partidos con el Atlético, en los que consiguió nueve goles y 16 asistencias. Además, es campeón del mundo con Argentina y cuenta con una experiencia internacional considerable. El acuerdo con la Roma se sitúa en torno a los 17-18 millones de euros, mientras que el jugador firmará, según las informaciones publicadas, hasta 2030.

Su llegada también tiene una lectura estrictamente táctica.
Gasperini no entiende sus equipos sin jugadores capaces de recorrer toda la banda. El carrilero no es simplemente un lateral con libertad para atacar: es una pieza estructural que debe proporcionar amplitud, profundidad y capacidad para llegar al área rival, al mismo tiempo que tiene que responder físicamente cuando el equipo pierde el balón.
En ese contexto, Molina encaja mucho mejor que como simple sustituto de Zeki Çelik. Su fichaje puede entenderse como una declaración de intenciones: la Roma está intentando construir el equipo alrededor de las ideas de Gasperini y no simplemente añadir nombres a una plantilla.
El mercado sigue abierto porque las necesidades también
Pero Molina no resuelve todo.
La Roma había negociado durante semanas por Givairo Read, procedente del Feyenoord, aunque las diferencias entre las partes dificultaron el acuerdo. El club terminó decantándose por la experiencia de Molina.
La cuestión es que el mercado giallorosso todavía necesita movimientos en otras zonas del campo.
Una de las prioridades señaladas alrededor del equipo es la incorporación de un atacante de banda, precisamente una posición especialmente importante en el fútbol de Gasperini. El técnico necesita jugadores capaces de ganar metros, atacar espacios y sostener una gran carga de trabajo durante los partidos.
La operación por Luis Henrique, del Inter, adquiere especial relevancia en ese contexto. Roma e Inter han avanzado hasta alcanzar una base de acuerdo que ronda los 30 millones de euros entre cantidades fijas y variables, aunque todavía quedaba pendiente el visto bueno del jugador.
La operación tiene además un componente interesante porque conecta dos proyectos de la Serie A. El Inter necesita tomar decisiones sobre su plantilla y la Roma busca precisamente un perfil que pueda completar su ataque. El mercado, una vez más, puede terminar funcionando como una cadena en la que un movimiento desencadena otros.
Una defensa renovada para un entrenador que exige mucho
La reconstrucción tampoco se limita a las bandas.
Roma incorporó a Konstantinos Koulierakis, central griego procedente del Wolfsburg, en una operación que pretende aumentar la profundidad defensiva. El fichaje se hizo oficial el 1 de agosto.
La lógica es evidente: Gasperini necesita una plantilla suficientemente profunda para afrontar una temporada mucho más exigente.
La Roma terminó tercera la pasada temporada, una posición que le devuelve a la Champions League después de siete años de ausencia. El salto competitivo es enorme. No se trata solamente de jugar más partidos: significa enfrentarse a un calendario en el que la capacidad para rotar jugadores deja de ser una ventaja y se convierte en una necesidad.
Y precisamente ahí aparece una de las grandes incógnitas del verano romano.
¿Tiene la Roma suficiente fondo de armario para jugar como quiere Gasperini durante toda una temporada?
La respuesta, a mediados de agosto, todavía no parece completamente afirmativa.
La derrota contra el Brighton cambió el tono
Los resultados de pretemporada no deberían interpretarse como una sentencia sobre lo que sucederá durante el campeonato. Pero la derrota por 3-0 contra el Brighton sí tuvo importancia porque permitió observar algunas de las dificultades que todavía arrastra el equipo.
Gasperini no escondió su preocupación. La derrota no fue presentada como un accidente aislado, sino como una nueva evidencia de que el grupo necesita terminar de construirse. La Roma tenía previsto cerrar su preparación internacional el 15 de agosto frente al Borussia Dortmund, después de haber pasado previamente por Cardiff, Newport y Brighton.
Ese partido adquiere ahora un significado adicional. Más que el resultado, Gasperini necesita comprobar si el equipo empieza a parecerse al proyecto que tiene en la cabeza. Porque una cosa es incorporar jugadores y otra muy distinta es conseguir que una plantilla nueva asimile las exigencias de un entrenador como él.
El calendario tampoco concede demasiado margen
La Serie A no espera. La Roma comenzará oficialmente el campeonato el 24 de agosto contra la Fiorentina en el Estadio Olímpico. Después tendrá que visitar al Lecce el 31 de agosto y recibirá al Atalanta el 5 de septiembre. Y apenas unos días después, el 13 de septiembre, llegará el Torino-Roma.
Pero hay una fecha que merece ser marcada en rojo.
El 19 de septiembre, en la quinta jornada, la Roma recibirá al Inter. Es decir, dos clubes que en este momento están conectados por el mercado pueden terminar midiéndose muy pronto sobre el terreno de juego. La operación de Luis Henrique puede ser solamente una de las piezas de un mercado en el que Roma e Inter tienen intereses cruzados. Para entonces, sin embargo, Gasperini necesitará respuestas.
La gran pregunta: ¿puede competir por algo más que la Champions?
El tercer puesto de la temporada pasada ha elevado las expectativas. El regreso a la Champions es un logro importante, pero también aumenta la presión. La Roma ya no puede permitirse pensar únicamente en reconstruir. Tiene que competir mientras reconstruye. Ese es probablemente el mayor desafío de Gasperini.
El entrenador cuenta con una plantilla que mezcla jugadores experimentados y nuevas incorporaciones, mientras el club intenta encontrar el equilibrio entre presente y futuro. El nuevo contrato de Lorenzo Pellegrini hasta 2027 representa precisamente esa voluntad de conservar parte del núcleo experimentado mientras se incorporan nuevas piezas.
La llegada de Molina, Koulierakis y otros refuerzos apunta en esa dirección. Pero todavía faltan movimientos y, sobre todo, falta comprobar cómo responde el equipo cuando los partidos sean oficiales. La Roma de Gasperini está, por tanto, ante una paradoja: el proyecto ya ha comenzado, pero todavía no está terminado. Y en un campeonato donde Napoli, Inter, Milan y Juventus parten con aspiraciones importantes, cada semana cuenta. Gasperini tiene una idea. Roma tiene ambición. Y el mercado todavía tiene que proporcionar las herramientas.
La temporada empezará el 24 de agosto. Para entonces, la pregunta ya no será cuántos fichajes necesita la Roma. Será mucho más sencilla y mucho más difícil de responder:
¿Está preparada para jugar como quiere Gasperini?


