El equipo de Rodolfo Arruabarrena se impuso por la mínima en La Bombonera gracias al gol de Miguel Merentiel. Más allá del resultado, el Xeneize dejó los primeros indicios de una identidad marcada por la presión alta, una defensa adelantada y la búsqueda constante del arco rival.
El segundo ciclo de Rodolfo “el Vasco” Arruabarrena al frente de Boca comenzó con una victoria por 2-0 ante Sarmiento de Junín por Copa Argentina. Ahora llegó el primer desafío internacional: el repechaje de la CONMEBOL Sudamericana frente a O’Higgins de Chile.
Para la ocasión, el entrenador presentó un equipo con varias caras nuevas. Los juveniles L. Flores y Dylan Gorosito ocuparon la banda derecha, mientras que Alvaro Montero, en el arco, y Sebastián Villa, como extremo izquierdo, hicieron su estreno con la camiseta azul y oro.
Sin embargo, el cambio más importante no estuvo en los nombres, sino en la idea.
Arruabarrena apostó por un 4-2-3-1 con una propuesta dinámica, presión alta, bloque corto y una circulación mucho más vertical. Los laterales ofrecieron amplitud constante y los extremos alternaron entre acompañar a Miguel Merentiel por dentro y abrir el campo para generar superioridad por las bandas.

La propuesta se hizo evidente desde el pitazo inicial, aunque O’Higgins encontró rápidamente la forma de incomodar a Boca. Con envíos largos hacia su centrodelantero, el conjunto chileno logró superar la primera línea de presión y generó las situaciones más claras del primer tiempo.
Sin embargo, cuando el empate parecía inevitable antes del descanso, apareció una de las herramientas que mejor ejecutó el Xeneize durante la noche. A los 44 minutos, una rápida secuencia de Paredes terminó con un pase de tres dedos que dejó a Merentiel mano a mano con el arquero. El uruguayo definió con tranquilidad para marcar el único gol del encuentro y darle a Boca la ventaja antes del entretiempo.
El complemento tuvo un desarrollo muy distinto. Boca acentuó el dominio territorial, administró la posesión y prácticamente no volvió a sufrir en defensa.
La presión alta le quitó a O’Higgins la posibilidad de iniciar los ataques desde abajo y obligó a la visita a recurrir al pelotazo como principal alternativa. En la segunda mitad, con Figal y Costa imponiéndose en los duelos y una estructura defensiva mucho más firme, ese recurso también dejó de ofrecer respuestas para el conjunto chileno.
Además, al defender varios metros por delante de su propia área, Boca alejó el peligro de Montero. O’Higgins nunca logró instalarse cerca del arco rival ni generar profundidad por las bandas. La reducción de espacios por dentro, sumada al rápido retroceso de los extremos, terminó cerrando también los costados y limitó al conjunto chileno a lanzar centros desde posiciones poco comprometedoras.

Si bien todavía es prematuro sacar conclusiones, este Boca ya empieza a mostrar rasgos de la idea que pretende instalar Arruabarrena: presión alta, una defensa posicionada lejos de su propia área y una postura ofensiva que no se modificó ni siquiera después de ponerse en ventaja.
Formación de Boca
Montero; Gorosito, Figal, Costa, Blanco; Paredes, Delgado; Flores, Aranda, Villa; Merentiel.
La ventaja es mínima y la serie continúa completamente abierta. Dentro de siete días, en Rancagua, Boca deberá revalidar las buenas sensaciones que dejó en La Bombonera para sellar la clasificación a los octavos de final de la CONMEBOL Sudamericana.


