España saltó al césped con la madurez de quien se sabe superior pero ya no se deja arrastrar por la impaciencia de la fase de grupos. Frente a una Austria dispuesta a resistir en su propio campo, el conjunto de Luis de la Fuente cuajó una primera mitad de un dominio sólido, gobernando con paciencia y encontrando una fluidez entre líneas que desarmó por completo el entramado centroeuropeo.
Sin embargo, el fútbol no solo se explica desde el control, sino también desde el acierto, y España se topó de frente con un muro inesperado. El principal argumento de la resistencia austriaca tuvo nombre y apellido: Alexander Schlager. El guardameta del Salzburgo completó unos primeros 45 minutos soberbios, firmando hasta cuatro intervenciones de un mérito incontestable que privaron a la selección de marcharse al descanso con una renta mucho mayor. Ningún atacante español lograba batir a un portero que parecía agigantarse con cada llegada. La roja amenazaba cada vez más, y justo al cumplirse la primera media hora, el árbitro anuló un gol a Cucurella por una muy polémica falta sobre el guardameta austriaco en el área pequeña. Una acción que sembró las dudas en la grada pero que no descentró a los de De la Fuente.
Un Lamine eléctrico y el factor Oyarzabal
El mejor canalizador de la insistencia de España fue Lamine Yamal. El joven extremo no paró de intentarlo, pidiendo la pelota constantemente y asumiendo la responsabilidad de desbordar en el último tercio. Aunque la zaga austriaca logró frenar algunas de sus internadas, su descaro y atrevimiento mantuvieron en jaque permanente a la defensa rival. El premio a la constancia llegó por fin en el minuto 36. Tras una buena secuencia de posesión, Cucurella logró profundizar por su banda para servir una asistencia que Mikel Oyarzabal transformó en el primer tanto del encuentro. El delantero apareció en el momento idóneo para romper el candado de Schlager, abriendo una lata que no se iba a cerrar hasta el final del partido.
España sentenció en la segunda parte
La segunda mitad arrancó con una España que supo gestionar los tiempos con una madurez impecable. Durante los primeros quince minutos, la selección rebajó las revoluciones del choque, tocando con calma y asegurando la posesión para desactivar cualquier reacción austriaca. España se notaba muy cómoda, y a partir del minuto 60, los de Luis de la Fuente metieron una marcha más. Al dotar de más velocidad a su juego, el sistema defensivo rival se fue desestructurando paulatinamente. El premio al cambio de ritmo no tardó en llegar. En el 65, Álex Baena dibujó un centro medido al corazón del área que encontró a Pedro Porro. El lateral, gracias a un buen desmarque, conectó un testarazo inapelable que batió a Schlager y encarriló definitivamente el encuentro.
Con el 2-0 en el electrónico y el partido bajo control, el seleccionador español movió el banquillo en el minuto 70 para refrescar el centro del campo y el ataque, dando entrada a Mikel Merino y Ferran Torres en detrimento de Baena y Dani Olmo. Las sustituciones otorgaron aire fresco a un equipo que se encontraba muy cómodo sobre el césped. La selección continuó monopolizando el balón, minimizando a Austria hasta reducirla a un mero espectador y encadenando varias ocasiones claras. La guinda a una noche redonda llegó en los compases finales. En el minuto 86, Cucurella sirvió una nueva asistencia para que Oyarzabal firmara su doblete particular y certificara el 3-0 definitivo.
España no solo se lleva los tres puntos, sino que disipa cualquier atisbo de duda con una exhibición de superioridad, solidez y pegada que la confirma como un bloque intratable.


